Para todo se necesita una ayuda, hasta para enmendar los errores, y poder superarlos.
No se puede avanzar, sin antes checar nuestras fallas.
Pero, cuesta trabajo, advertir nuestros errores, y reconocer nuestras limitaciones.
Ya que, somos ciegos de nosotros mismos. Y nos falta un buen prójimo, que nos ayude a ver, aquello para lo que nos hemos cegado.
Aunque, no es nada fácil, hacerle ver a alguien, que se ha equivocado.
Porque nadie, quiere tener más problemas, de los que ya tiene.
Sin embargo, necesitamos de la corrección fraterna; que nos salve, y nos permita seguir adelante.
El que corrige, debe hacerlo con amor, y por amor; nunca para ofender, y lastimar al que ha fallado.
Al corregir con caridad, ayudamos al otro, a conocerse a si mismo, en sus limitaciones.
El valor, que nace del amor, ayuda al hermano, a superar sus fallas; pero, de manera fraterna.
Hoy, nos dice el Señor:“Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano”. (Mt.18).
Por desgracia, el último en darse cuenta de sus defectos, es el que los tiene.
Y, por falta de valor, no le hacemos saber el error al que tropieza, antes se lo decimos a los demás, y eso, es una falta de amor.
El Señor, nos dice en el Evangelio, como hay que proceder, para ayudar al que anda equivocado.
Ya que, solo así, podremos salvar al hermano de sus debilidades, y le ayudaremos a superar sus fallas.
Por tanto, pidamos a Dios, humildad para escuchar al que nos corrige con caridad; y valor, para ayudar, al que necesita superar sus faltas.
Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.
Del santo Evangelio según san Mateo 18, 15-20
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos.
Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.
Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo.
Yo les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos».
Palabra del Señor.