El alma, nuestro verdadero ser, que no puramente lo físico, sino que aquello que anima al cuerpo, es una belleza interesante. ¿Te imaginas las infinitas historias, recuerdos, fragancias, paisajes, voces, emociones, sensaciones, conocimientos, comprensiones y viajes has tenido como alma? ¿Cuándo has sentido por última vez una conexión que va más allá de lo material? ¿Cuándo te llegó una respuesta sabia que no venía de la mente racional o de lo ya vivido o conocido?
Dicen que para escuchar a tu verdadero ser hay que guardar silencio y dejarse acariciar por el susurro agudo y suave que alcanzamos a percibir cuando escuchamos con los oídos del cuerpo físico a nuestro órgano corazón. Allí, en ese retumbar, con ese ritmo, entonces nos conectamos con el todo, entramos en la danza que está tejida en todas sus partes al mismo tiempo, allí entonces podemos conocer lo Divino y por ende existir en ello como algo más que una existencia finita y terrena.
Lo triste es darse cuenta de cómo se va secando esa conexión, sobre todo después de decepciones, de intentos fallidos, de desesperación, de nostalgia, de abandono a uno mismo. Y es que nutrir al alma es tarea del diario vivir. Es nuestra responsabilidad. Si no, nos vamos perdiendo en lo que ya está creado y nos venden como una verdad absoluta, pues nos perdemos de ser co-creadores almicos en el planeta.
Es un día alegre y benéfico para cada ser humano, cuando tomamos la decisión de elegir concienzudamente aquello que consumimos, es decir, desde lo que comemos, hasta la información que nos entra por los sentidos de la vista, el oído e incluso el olfato y el tacto. Ser consumidores de cualquier cosa que nos entretenga es una huella energética que estamos dejando en nuestro ser esencial.
Elegir por ejemplo nutrir a nuestra alma con aceites esenciales, con música clásica con frecuencias solfeggio, con el canto de los pájaros, con el aroma de la tierra húmeda, con el agua del torrente, con la mirada inocente y tierna de un familiar no humano, un perrito, gatito, con la sabiduría de un buen libro que ha salido de una pluma de una mente construida con perseverancia en el estudio y la reflexión, con las imágenes alegóricas de una poesía que ha sido bajada del cielo a la tierra por un alma iluminada, nos expande.
Todo eso es nutrición de alta calidad. ¿Se te ocurren algunos otros alimentos nutricios para tu alma? ¿Te percibes desnutrido(a) o lleno(a) de fulgor? Un abrazo sincero, un acto compasivo, la ayuda ordenada y desinteresada, la sonrisa de un desconocido, la magnífica presencia divina a la que nos conectamos cuando meditamos con entrega, o la sensación de fluidez cuando bailamos entregados a una danza alegre o dubitativa. Entrar en el mundo del Espíritu es imprescindible para que el Alma no se deshidrate.
A veces podemos sentir un vacío que no se llena con nada material y podemos buscarlo en personas, objetos, logros o cualquier otro elemento de la vida física, pero en realidad lo que pasa es que el alma tiene sed, tiene mucha, mucha sed. A veces, hambre. Porque creo que es verdad que el alma también sigue evolucionando y expandiéndose y si se queda en pausa, olvidada y dejada a un lado, también se fragmenta. Nos identificamos con el traje y nos olvidamos de quienes somos en realidad.
Y es sumamente importante, imprescindible y necesario cubrir las necesidades biológicas, emocionales y de cualquier índole de nuestro cuerpo sagrado, pero sin olvidarnos de aquello que nos conecta con el origen, nuestra esencia, el alma. Conectar con el oráculo como se ha hecho desde los inicios de nuestras culturas, tener conversaciones profundas y sinceras (sin adicciones), es decir, en presencia plena, una caminata de introspección, la contemplación, el descanso profundo, la creación artística o cualquier otra actividad que tenga que ver con concentrarse y desvelar lo oculto, aquellas voces escondidas que esperan somnolientas a ser escuchadas, que como regalos o dones están en el pecho para ser compartidas.
Pero, ¿Cómo podríamos descubrir esos presentes del espíritu, si vamos corriendo con prisa para sobrevivir o para intentar llenar un vacío en el lugar equivocado? Jugar, jugar, jugar,es el gran regalo para el alma. ¿Qué acaso no es un juego y un sueño este filme llamado vida? Y con juego no me refiero a la irresponsabilidad, ni al vicio, sino que a lo lúdico, a la inocencia de un(a) niño(a) descubriendo al cosmos con la curiosidad a tope. El alma te da pistas de tu camino evolutivo a través de aquello que te da curiosidad. ¿Cuándo fué la última vez que le escuchaste?
Esos temas que están pendientes en los cajones de una biblioteca que está atestada de polvo y oscuridad. Y si no la descubres ahora, ¿Entonces cuándo será? ¿Cómo puedes nutrir hoy a tu alma? A tu manera muy subjetiva. ¿Y si inicias con algo pequeñito? Un paseo, una actividad, una lectura, un masaje, una canción.
Se que te ha llegado una respuesta en este momento. Te animo a hacerlo, llevarlo a cabo es una caricia de amor y presencia para tu persona. y entonces tú como alma, radiante y colmada, pones en escena una vida humana más digna, más dichosa, más próspera para compartir. Deseo que te sean innumerables las maneras de gozar los dones del espíritu y que tu vida se llene de belleza, por doquier.
Gracias por caminar juntos.
Tu terapeuta.
Claudia Guadalupe Martínez Jasso.