Este 4 de septiembre se cumplen 12 años de la muerte de Gustavo Cerati, una de las figuras más influyentes del rock latinoamericano. El exlíder de Soda Stereo falleció en 2014, a los 55 años, después de permanecer 1,571 días en coma tras sufrir un accidente cerebrovascular que cambió de manera definitiva el rumbo de su vida.
Cerati murió debido a un paro cardiorrespiratorio en la habitación 116 de la Clínica ALCLA, en Buenos Aires, donde permanecía internado desde finales de 2010. Su fallecimiento puso fin a más de cuatro años de incertidumbre para familiares, amigos y millones de seguidores que esperaron durante todo ese tiempo alguna señal de recuperación.
El capítulo final de su carrera comenzó en Caracas, Venezuela. La noche del 15 de mayo de 2010, Cerati subió al escenario del Estadio de Fútbol de la Universidad Simón Bolívar para ofrecer lo que, sin saberlo, se convertiría en el último concierto de su vida.
El recital formaba parte de la gira Fuerza Natural, iniciada en 2009 para presentar su quinto disco como solista. Vestido de blanco, el músico abrió la presentación con el tema que daba nombre al álbum y ofreció un repertorio de 25 canciones acompañado por músicos como Richard Coleman, Fernando Samalea, Gonzalo Córdoba y Anita Álvarez de Toledo.
Durante la primera parte del espectáculo interpretó las canciones de Fuerza Natural siguiendo el mismo orden del disco, una decisión artística que había mantenido a lo largo de la gira. Posteriormente llegaron temas de álbumes como Bocanada, Ahí vamos y Amor amarillo, además de “Trátame suavemente”, uno de los clásicos de Soda Stereo.
Uno de los momentos más recordados ocurrió durante “Lago en el cielo”. Cerati improvisó un solo de guitarra considerablemente más largo que en otras presentaciones. Con el paso de los años, aquel momento adquiriría un significado especial: fue la última canción que tocó en vivo.
Al finalizar el concierto, el músico se llevó una mano al corazón, lanzó un beso hacia el público y pronunció una frase que terminaría convirtiéndose en su despedida definitiva de los escenarios: “Hasta la próxima, chau”.
Después del espectáculo, el ambiente en el backstage era de celebración por el cierre de la gira. Mientras el equipo se preparaba para una fotografía grupal, quienes estaban cerca comenzaron a notar que algo no estaba bien.
De acuerdo con testimonios recopilados posteriormente en distintas biografías, Cerati estaba pálido y tenía dificultades para hablar. Caminó hacia su camarín y poco después fue encontrado recostado en un sillón.
Fue trasladado de urgencia para recibir atención médica. Los estudios revelaron una isquemia cerebral que había provocado un extenso infarto en el hemisferio izquierdo y afectaciones en el tronco encefálico.
Durante las primeras horas logró recuperar parcialmente la conciencia. Aunque no podía hablar, se comunicaba mediante gestos, recibió alimentos con ayuda e incluso llegó a mirar televisión. Sin embargo, su condición se agravó.
El 17 de mayo presentó una nueva crisis debido a un edema cerebral que aumentó la presión dentro del cráneo. Un día después fue sometido a una cirugía de urgencia, pero la intervención no consiguió revertir el daño neurológico y Cerati quedó en coma.
Permaneció hospitalizado en Caracas hasta el 7 de junio de 2010, cuando fue trasladado en una aeroambulancia a Buenos Aires. Inicialmente ingresó al centro de rehabilitación Fleni y, meses después, fue llevado a la Clínica ALCLA, donde permanecería hasta su muerte.
Durante esos años, la familia mantuvo una presencia constante. Su madre, Lillian Clarke, acudía prácticamente todas las tardes; también se mantenían cerca sus hijos, sus hermanas Laura y Estela, además de algunos de sus amigos y colaboradores más cercanos.
Músicos como Adrián Taverna, Pedro Moscuzza y Leandro Fresco estuvieron entre quienes lo visitaban con frecuencia, mientras que sus compañeros de Soda Stereo, Zeta Bosio y Charly Alberti, también acudieron durante su prolongada hospitalización.
Luis Alberto Spinetta llegó a visitarlo en junio de 2011 y le llevó como obsequio una guitarra, en uno de los encuentros más simbólicos de aquella etapa.
Los años pasaron sin que hubiera una evolución significativa. Los reportes médicos continuaron señalando un daño cerebral extenso y la ausencia de cambios clínicos importantes.
Finalmente, el 4 de septiembre de 2014, apenas un mes después de haber cumplido 55 años, Gustavo Cerati murió por un paro cardiorrespiratorio.
Esa misma noche, sus restos fueron velados en la Legislatura de Buenos Aires. Miles de personas hicieron filas durante horas y bajo la lluvia para despedir al músico que había marcado varias generaciones con Soda Stereo y posteriormente con su carrera solista.
Familiares, amigos, artistas y seguidores acudieron al último adiós. Las muestras de reconocimiento llegaron desde distintos puntos de América Latina. Shakira lo definió como una de las figuras más representativas del rock en español, mientras que Charly García destacó su enorme capacidad creativa y lo describió como un “arquitecto de la música”.
Doce años después de su muerte, la despedida pronunciada en Caracas continúa cargada de simbolismo. Cerati nunca volvió a subir a un escenario, pero canciones como “De música ligera”, “Crimen”, “Puente”, “Adiós”, “Cactus” y “Lago en el cielo” mantienen vigente un legado que trascendió a Soda Stereo y convirtió al músico argentino en uno de los grandes referentes de la música latinoamericana.