tecnologia

Buscan al culpable de que el Sáhara se convirtiera en un desierto y lo encuentran en Groenlandia

El Sáhara fue una región verde y húmeda hasta que un cambio climático remoto, relacionado con el enfriamiento cerca de Groenlandia, alteró las lluvias africanas hace unos 5.500 años

El Sáhara no siempre fue el inmenso desierto que ocupa hoy buena parte del norte de África. Hace varios miles de años albergaba ríos, abundante vegetación y animales que ahora resultarían insólitos allí. Un estudio internacional publicado en Nature Communications siguió las huellas climáticas de aquella transformación y encontró indicios de que parte de la explicación debía buscarse muy lejos del continente africano.
 
Las pinturas y grabados prehistóricos encontrados en el Sáhara muestran escenas de caza propias de un territorio mucho más húmedo. Durante el denominado Periodo Húmedo Africano, que se prolongó aproximadamente durante 6.000 años, las precipitaciones permitieron mantener amplias zonas cubiertas de vegetación. Sin embargo, hace unos 5.500 años, aquel escenario comenzó a desaparecer y la aridez terminó imponiéndose sobre una enorme extensión.
 
Las huellas de la antigua lluvia
Para reconstruir qué ocurrió, los investigadores estudiaron sedimentos marinos obtenidos en el golfo de Guinea. Allí analizaron las ceras producidas por las hojas de las plantas y conservadas durante miles de años. Su composición de isótopos estables de hidrógeno permite obtener información sobre el agua de lluvia absorbida por la vegetación y, de esta forma, reconstruir cómo evolucionó el ciclo hidrológico africano.
 
Los registros mostraron una fuerte reducción de las precipitaciones aproximadamente entre hace 5.800 y 4.800 años, tanto en el entorno de Camerún como en la franja central del Sahel y el Sáhara. Señales semejantes aparecieron también en el noreste de África. El cambio, por tanto, no parecía limitarse a una pequeña región, aunque otros registros indican que la transición hacia condiciones secas no ocurrió exactamente al mismo ritmo en todo el continente.
 
La pista conduce al Atlántico Norte
La investigación dirigió entonces su atención miles de kilómetros hacia el norte. Diferentes registros climáticos indicaban que, hace entre 6.000 y 5.000 años, las temperaturas estivales descendieron en la zona situada entre Groenlandia y el mar de Noruega. Los científicos plantearon como posibles explicaciones una ralentización de la circulación termohalina del Atlántico o una expansión del vórtice polar del hemisferio norte.
 
Las simulaciones climáticas permitieron comprobar el posible efecto dominó. Al introducir un enfriamiento del Atlántico Norte de entre 0,5 y 2,5 grados, el modelo reprodujo alteraciones capaces de alcanzar África. La corriente en chorro tropical del este se debilitaba, disminuían las precipitaciones y el monzón encontraba mayores dificultades para avanzar hacia el norte. Paralelamente, la corriente en chorro africana del este se reforzaba, favoreciendo todavía más unas condiciones secas.
 
Un cambio climático conectado a miles de kilómetros
La transformación del Sáhara verde habría sido, por tanto, el resultado de una compleja cadena de mecanismos climáticos y retroalimentaciones, y no de una única causa local. Los registros de polvo, ceras vegetales, polen y sedimentos también muestran que la desertificación pudo ser rápida en algunos lugares y más gradual en otros. Además, la vegetación, el polvo, los suelos e incluso las sociedades humanas pudieron modular su evolución. Como señaló Thibaut Caley: “Los futuros cambios en las temperaturas de las altas latitudes del norte podrían pesar mucho sobre el ciclo hidrológico sahariano y, por tanto, afectar a las personas que viven allí”.
OTRAS NOTAS