Durante años hemos dibujado la relación entre México y Estados Unidos como una línea que une a la Ciudad de México con Washington. Ese trazo sirve para entender negociaciones comerciales, seguridad y migración, pero deja fuera muchos de los lugares donde la relación bilateral adquiere forma todos los días.
El mapa debería incluir también una escuela del Bronx, un hospital de Queens, una oficina pública en Albany y un festival comunitario en Poughkeepsie. En cada uno se toman decisiones que pueden facilitar o complicar la vida de una persona mexicana, aun cuando ninguna de ellas aparezca en una reunión entre presidentes. Esos puntos rara vez figuran en el mapa oficial, aunque para muchas familias son los que terminan por definirlo.
Para una familia potosina con integrantes en Estados Unidos, esa geografía institucional pesa porque para que sea reconocida la posibilidad de recibir orientación en español, denunciar un delito sin temor, continuar los estudios o conseguir una preparación profesional, muchas veces depende de autoridades estatales, legisladores locales, universidades y oficinas cercanas al lugar donde vive.
En Nueva York viven más de 550 mil personas de origen mexicano cuya vida cotidiana está influida por decisiones estatales y locales. Desde el 25 de agosto, una ley prohíbe que las autoridades locales participen en los acuerdos 287(g) de colaboración migratoria, lo que puede fortalecer la confianza para solicitar ayuda o denunciar un delito. En el terreno educativo, el Instituto de Estudios Mexicanos de la Universidad de la Ciudad de Nueva York ofrece becas, orientación y programas comunitarios. Son acciones diferentes, pero ambas muestran cómo las instituciones cercanas pueden proteger derechos o abrir oportunidades.
Ese campo de acción rara vez ocupa el centro de la agenda bilateral, aunque puede definir la experiencia diaria de una familia. Por eso, la diplomacia parlamentaria tiene que mirar hacia los congresos estatales y conocer lo que ocurre en sus distritos.
Con ese mapa más amplio sobre la mesa, el próximo miércoles recibiré en el Senado, junto con las y los integrantes de la Comisión de Relaciones Exteriores América del Norte, a una delegación del Grupo Hispano de la Asamblea y el Senado del estado de Nueva York.
La conversación abordará migración, educación y cultura, aunque su propósito de fondo será encontrar conexiones prácticas. Las oficinas legislativas pueden mejorar la canalización hacia los servicios consulares, las universidades pueden construir puentes para estudiantes y profesionistas, y los espacios culturales pueden mantener el vínculo de las nuevas generaciones con México.
Washington seguirá siendo un punto central de nuestra relación con Estados Unidos, no obstante, el mapa está incompleto si termina ahí. Para acompañar de verdad a nuestras comunidades debemos recorrer las calles, las instituciones y los congresos donde se resuelve su vida cotidiana.