En cuanto regresaron a Reino Unido, el pasado miércoles, lo primero que tuvieron claro el Príncipe Harry y Meghan Markle es que no gozarían de protección financiada con fondos públicos, como la que tenían cuando formaban parte de la familia real.
Al igual que el común de los británicos, en caso de que tengan una emergencia deberán reportarla, en su caso, con un oficial de enlace policial, según el Daily Mail.
Los Duques de Sussex aterrizaron en el aeropuerto de Birmingham con sus hijos, el Príncipe Archie y la Princesa Lilibet, tras seis años de residencia en Estados Unidos, para comenzar una nueva vida en Inglaterra. El hijo menor del Rey Charles III quiere darle una educación de estilo británico a sus pequeños y, a la vez, estar cerca de su padre, de 77 años, quien lidia con un cáncer no precisado.
Esto no significa, por lo pronto, que el Palacio de Buckingham les tienda una mano en vías de reconciliación. De entrada, no dispusieron de un convoy policial con cargo al erario para el trayecto por carretera hasta su nuevo hogar, que se especula está en los Cotswolds, zona exclusiva de la campiña cercana a Oxford, al noroeste de Londres.
El Mail señala que Harry, inconforme con esta medida, habría pedido a sus abogados contactar a Shabana Mahmood, Ministra del Interior, para acercar posturas, pues ésta llegó a ordenar una nueva revisión de la amenaza terrorista contra su familia.
Por ahora, Harry puso en manos de un amigo muy cercano, David Langdown, su aparato de seguridad, con personal de su entera confianza pero pagado de su bolsillo.
Scott Hamer, quien protegió a Charles cuando era Príncipe de Gales, no entiende que los Sussex pasen por esto.
"Llevo 25 años trabajando en protección; me parece absolutamente increíble. Actualmente tenemos ocho primeros ministros que no ejercen el cargo y que reciben protección policial pagada con fondos públicos. Las amenazas y los riesgos para el Príncipe Harry son mucho mayores".