Amigas y amigos de Plano Informativo, hay algo muy especial que sucede cuando escuchamos un huapango en una plaza, cuando descubrimos un mural potosino en alguna calle del Centro Histórico o cuando nos detenemos a escuchar a un grupo local sobre un escenario. Por un instante, algo dentro de nosotros se reconoce. Quizá es una melodía que nos recuerda a nuestros abuelos, una imagen que nos lleva a algún lugar de nuestra infancia o una tradición que creíamos olvidada. El arte que nace de nuestra propia tierra tiene esa capacidad maravillosa de recordarnos quiénes somos y de dónde venimos.
San Luis Potosí es una tierra profundamente creativa. Desde la Huasteca hasta el Altiplano, pasando por la Zona Media y nuestro Centro, hay manos que tejen, voces que cantan, pinceles que cuentan historias y cuerpos que mantienen vivas nuestras danzas y tradiciones. Muchas de ellas no se aprenden en los libros. Se aprenden en casa, de una generación a otra, de abuelos a padres y de padres a hijos. Y quizá uno de nuestros mayores tesoros sea precisamente ese patrimonio que tenemos tan cerca que, algunas veces, olvidamos lo extraordinario que es.
Por eso me da tanta esperanza ver que cada vez existen más espacios para que nuestras creadoras y nuestros creadores encuentren un escenario, un público y una oportunidad para mostrar lo que hacen. Cuando un artista potosino puede llevar su trabajo a otra ciudad o incluso a otro país, no solamente estamos proyectando a una persona; estamos llevando con ella un pedacito de San Luis Potosí. Su música, sus colores, sus historias y esa manera tan nuestra de entender y expresar la vida.
También me parece muy valioso cuando los municipios, las instituciones y los propios artistas encuentran la manera de trabajar juntos. Cuando dejamos de pensar en quién organiza o quién recibe el reconocimiento y ponemos por delante el talento, quienes más ganan somos todos. Porque un festival, una exposición, una presentación o una feria artesanal pueden convertirse en una oportunidad para que un artista sea conocido, pero también para que una familia descubra algo nuevo y para que un visitante conozca una parte de nuestra identidad que quizá no había visto antes.
Y hay algo más. La cultura también mueve a nuestras comunidades. Cuando llega un festival a un municipio, los hoteles reciben visitantes, los restaurantes tienen más trabajo, los artesanos encuentran compradores y muchas familias tienen la oportunidad de mostrar aquello que durante meses prepararon con paciencia. Pero más allá de cualquier cifra, hay algo que me parece todavía más valioso, ver a una comunidad recibir a quienes llegan con orgullo, mostrar sus tradiciones y sentirse orgullosa de lo que tiene para ofrecer.
Como legisladora, estoy convencida de que apoyar a nuestros artistas no es un lujo ni un gasto que pueda dejarse para después. Es una inversión en nuestra identidad y también en nuestras nuevas generaciones. Cuando una niña aprende una danza tradicional, cuando un joven descubre que puede convertir su talento en una profesión o cuando una familia decide llevar a sus hijos a conocer una expresión artística de su propio estado, estamos sembrando algo que puede acompañarlos durante toda su vida.
En un mundo que cambia tan rápido y en el que muchas veces parece que todo tiende a parecerse, conservar aquello que nos hace únicos es también una forma de cuidar a nuestra comunidad. No para encerrarnos en el pasado, sino para avanzar sin olvidar nuestras raíces.
Por eso creo que cada vez que abrimos un escenario para un artista potosino, cada vez que una familia acude a un festival, cada vez que un municipio comparte su cultura con otro y cada vez que un niño descubre con orgullo una tradición de su tierra, estamos haciendo algo mucho más grande que organizar un evento.
Estamos construyendo memoria.
Estamos fortaleciendo nuestra comunidad.
Y estamos enseñando a las nuevas generaciones que aquello que recibimos de nuestros padres y nuestros abuelos merece ser cuidado, disfrutado y compartido.
Porque al final, cuidar el arte que nace de nuestra tierra también es cuidar la manera en que queremos que San Luis Potosí sea recordado: como un estado que conoce sus raíces, que reconoce el talento de su gente y que nunca deja de sentirse orgulloso de lo que es.
De corazón, gracias por su lectura.