columnas

Rocha Moya, el último de la madeja

Opinión

Para hacer comparaciones de quienes son más poderosos, podríamos perdernos en años de historias sobre el crimen organizado. 
 
El narcotráfico es una vertiente de muchas otras actividades delictivas, trata de personas, huachicol, extorsión; si de alguna forma nos enfocamos en lo que sucede en Sinaloa, el narco llegó, se sembró, se quedó casualmente, en un estado agrícola, ganadero, pesquero, actividades primarias, la manufactura es importante pero no comparable. El sector primario son actividades de mucho esfuerzo de trabajadores, empresarios del ramo, que requiere años para mantener un negocio y dar trabajo, desafortunadamente es poco remunerado, difícilmente una familia promedio pudiera aspirar a algo más y adaptarse por siempre a una vida marginal.
 
Estudios van estudios vienen, se opina sobre Sinaloa como el eje de descomposición social, económica y política, algo hay de cierto en ello, 60 años para arraigar una cultura impuesta, donde desafortunadamente el pueblo entero la “compró”. 
 
En los años 60, comienza el Mayo Zambada, en los 70 el Chapo, una sociedad mercantil definida, para algunos el Mayo era la mesura, los Chapitos el desenfreno, lo cierto es que ambos crearon un gran imperio, como todos, no solo se gana espacio en la guerra y la violencia, había que ganar en la cultura, en las tradiciones, influir en la economía, en las actividades incluso escolares, en ocasiones atendiendo precariedades sociales, como alimentación de comunidades, el suministro de agua y el regalo de día de Reyes para los pequeños.
 
Los espacios que el régimen priista les dejó libres, ellos lo tomaron como suyo. De pronto las principales ciudades se vieron envueltas en un mar de riqueza, una sociedad que poco a poco, por miedo, complicidad o ignorancia, muchos de los hijos de segunda o tercera generación, requerían espacios de diversión, hoteles, centros nocturnos, salones de belleza, eso sí, bien montados, el dinero fluía, Sinaloa se convertía en el ejemplo nacional de abundancia, altos niveles de ingreso permitieron ese despegue, ya la economía del sector primario tenia un nuevo rostro, el trasiego de drogas.
 
Llego el día que una traición acabó con todo, un simple arreglo con los Estados Unidos y la bonanza aquella, se desplomó, se acabó, la paz protectora de la criminalidad llegó a su fin. Hoy las voces de comerciantes, de cámaras industriales, de pequeños comercios son de gritos de desesperación, viven con miedo, con frustración, el dinero sucio ya no circula, por ende, las cortinas bajaron y la prosperidad ya no fue la misma… el turista no llegó y la banda sinaloense guardo silencio, el whisky Escocés ya no fue el preferido, los buchones y buchonas, están en guerra civil. 
 
Los jóvenes en cuanto entraron la era digital, como ahora la conocemos, se apropiaron de las costumbres del narco, música, series de televisión, películas, video juegos, elementos perfectos para acceder a ellos. Se dice que son cuatro los más adictivos, para dejar de ser joven en pobreza, dinero, exaltación, acción y veneración. El viento que lleva la voz del narco, es tan poderosa e ilegal al mismo tiempo, que obliga a entender la razón de su influencia, tan simple, ha sido la corrupción del Estado indolente, débil e impune y también, la permisividad de una sociedad que conto espejos, creyendo que escalaria en la larga fila de un estatus económico que nunca llegó. El futuro lo vieron tan lejano que los alcanzó tan rápido que no pudieron frenar, ni con la ayuda del ejército con sus 13 mil efectivos lo han logrado. 
 
Tan complejo es este tema amable lector, que encontrar el punto exacto donde se rompió esta alianza narco-social, es como aceptar que el problema nació hace 5 años con el Gobernador Rubén Rocha Moya. Es obvio que es una narrativa opositora, para distraer la atención desde donde se originó este flagelo. Aquí les presentamos un hilo que no termina aun de romperse, de los gobernadores que permitieron la desgracia que vive Sinaloa. 
 
Todo comenzó con Leopoldo Sánchez Célis apodado el padrino compadre de Miguel Félix Gallardo, tiempo que iniciaba el Mayo Zambada su carrera criminal. Con Antonio Toledo Corro, se desata la violencia sin tregua, fue la época de reclutamientos de jóvenes y de policías para que trabajaran con los grupos criminales. Con los jóvenes y la precariedad policiaca, hicieron de Culiacán un polvorín. “El narcotráfico es una herencia de otras generaciones. No es un problema que haya nacido ayer y tampoco se va a resolver mañana” Toledo. En su libro “el siglo de las drogas” de Luis Astorga, refiere que durante la administración de Toledo Corro los Félix Gallardo gozaban de impunidad absoluta. 
 
Francisco Labastida Ochoa, dejó hacer dejó pasar, pero de inocente no tenía nada. En un día común para él, de paseo por alguna playa del pacífico, ejército intervenía y desarmaba a la policía estatal en su totalidad ¿Sabría Labastida de su policía corrupta? Renato Vega Alvarado se dice que no salía a ningún lado, que atendía los asuntos de gobierno en palacio y de ahí a su casa en Navolato, tal vez le prohibían circular libremente. 
 
Juan Millán Lizárraga, la corrupción policial se arraigó, al grado que su jefe policiaco, resultó toda una ficha corrupta y unida al Chapo Guzmán. Vicente Fox se desentendió de él, y para final de su sexenio 2004, le encontraron una cuenta en Andorra  por 4.5 millones de dólares.
 
Jesús Aguilar Padilla, desde candidato le dio tareas “específicas” a varias células del Mayo Zambada, ganó la gubernatura con apenas 12 mil votos, al panista Heriberto Félix. Tan evidentes sus nexos, que cuando su padre del gobernador enfermó, el Mayo Zambada lo visitó en el hospital. 
 
Llegó el peor de todos, protegido por el expresidente Felipe Calderón, nunca investigó al señor Mario López Valdez (Malova), ganadero con vínculos con el Mayo Zambada, junto con el Chapo Guzman, le hicieron la guerra a los Beltran Leyva, por obviedad la fuerza pública en automático, se convirtió en el brazo armado del cartel de Sinaloa, con sus consecuencias lógicas, López Valdez seguramente vive observando la debacle sinaloense, junto a su amigo Calderón.  
 
Quirino Ordaz Coppel, arropado por el Partido Verde y el PRI, un recurrente de los pactos políticos con los jefes de los carteles sinaloenses, al final, Quirino es quien teje el entramado para que Rocha Moya fuera el candidato y posteriormente gobernador. Quirino observa plácidamente desde la embajada de México en España…nadie lo ve, nadie lo cuestiona.
 
Tanto que decir sobre el tema, análisis profundos sobre los actores políticos, vinculados con los grupos criminales, Rocha Moya no es consecuencia de un momento histórico, es un eslabón que continúa creciendo, gracias a la complicidad de todos los gobiernos federales, silencio ante lo evidente, compromisos de sangre, perturbadoras alianzas. Así que, para entender la fotografía actual, es básico e imprescindible, ver todo el álbum del pasado, revisando a detalle y conscientemente analizar quienes son los culpables de esta crisis en Sinaloa y en México. 
 
Si los Estados Unidos investigaban a todos los gobernadores con evidencias ciertas y pruebas ¿Por qué ahora en época de Trump, ultraderechista solo se enfocan en uno solo? Raro.     
 
Nota: Los datos históricos adquiridos de los actores políticos, son resumen minúsculo de hechos muy amplios, varios de ellos, tomados de las crónicas de Ismael Bojórquez, del semanario Riodoce y verificados en lo posible.
 
Nos saludamos pronto  
Oscar Esquivel 
 
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