Detrás del Telón
La difusión reciente de tres videos con audio relacionados con los momentos posteriores a la detención de Joaquín “El Chapo” Guzmán volvió a colocar bajo los reflectores una historia que parecía archivada. El material fue difundido por un periodista en un medio nacional y posteriormente quedó vinculado con una producción de Netflix.
Pero más allá del contenido de los videos, hay una serie de preguntas que inevitablemente surgen: ¿quién conservó el material durante todos estos años?, ¿quién decidió entregarlo al periodista?, ¿por qué apareció ahora?, y, sobre todo, ¿quién expuso la identidad de un exmando policiaco cuya voz podría permitir su identificación y colocarlo en una situación de riesgo?.
La historia adquiere una dimensión todavía más delicada a partir de un testimonio que, de acuerdo con lo referido años atrás por el periodista Jesús Esquivel y retomado recientemente en un programa de Carmen Aristegui, atribuye a un exmando de la entonces Policía Federal una versión particularmente comprometida.
Según ese relato, el exmando —quien actualmente continuaría activo en la Guardia Nacional y cuya identidad se mantiene bajo reserva por razones de seguridad— habría señalado que los videos le fueron retirados después de los hechos por funcionarios del más alto nivel de ese momento de la entonces Policía Federal..
La versión sostiene que el material habría quedado bajo resguardo con el argumento de proteger la integridad del funcionario y con la promesa de que no sería difundido.
El problema es que el audio apareció.
Y cuando una grabación contiene una voz que puede revelar la identidad de una persona cuya seguridad está en juego, la confidencialidad deja de ser un asunto burocrático. Se convierte en una cuestión potencialmente personal, jurídica y de seguridad.
De acuerdo con la misma versión, el exmando habría entregado previamente a la producción de Netflix una edición de los videos sin audio. La diferencia entre aquel material y el que ahora circula sería precisamente el elemento que puede resultar más delicado: la voz.
De ahí que el funcionario considere la posibilidad de emprender acciones legales contra quienes, desde su perspectiva, pudieran haber incumplido el compromiso de reserva.
Y es aquí donde la historia vuelve a tocar a Enrique Galindo.
El alcalde de San Luis Potosí construyó buena parte de su trayectoria pública sobre su pasado en distintas corporaciones policiacas, particularmente en el ámbito federal. Una trayectoria que durante años ha estado acompañada tanto de reconocimientos como de cuestionamientos y controversias.
Después de su paso por la Universidad de Salamanca, en España, donde cursó estudios de posgrado, Galindo regresó a San Luis Potosí y posteriormente incursionó también en el ámbito empresarial de los medios de comunicación.
En aquella etapa hubo un episodio que hoy adquiere una curiosa resonancia: en la presentación de su proyecto como empresario de medios, un reconocido periodista fue invitado como padrino.
Una vieja relación que quedó públicamente sellada.
Años después, esa relación vuelve a aparecer en el radar, aunque ahora bajo circunstancias muy distintas.
Porque una de las preguntas que inevitablemente surgen alrededor de los videos es quién tuvo acceso al material y quién decidió compartirlo con el periodista que terminó difundiendo la grabación.
No hay, hasta ahora, una respuesta pública definitiva a esa pregunta.
Pero existe otra coincidencia que difícilmente pasa inadvertida para quienes siguen la historia.
En la producción de Netflix aparece un personaje identificado con el apellido Valladares, presentado como un alto mando policiaco que enfrenta con nerviosismo e inseguridad los acontecimientos relacionados con la captura de “El Chapo” Guzmán.
La ficción no es una prueba y tampoco puede utilizarse como evidencia de la conducta de una persona real. Sin embargo, inevitablemente abre una conversación sobre la manera en que la televisión reconstruye episodios de la historia reciente y sobre cuánto de los personajes puede ser reconocido por quienes estuvieron cerca de aquellos acontecimientos.
La eventual acción legal que contempla el exmando podría abrir una ruta judicial mucho más incómoda: reconstruir quién tuvo los videos, cuándo los tuvo, quién los resguardó, quién los entregó, qué versión fue proporcionada originalmente a la producción audiovisual y en qué momento apareció el audio.
Es decir, la verdadera historia podría no estar solamente en lo que dicen las grabaciones, sino en la ruta que siguieron durante todos estos años.
Para Galindo, el episodio representa además un nuevo flanco político.
El alcalde capitalino permanece bajo el reflector de la sucesión potosina, aunque su posición en las mediciones conocidas hasta ahora no parece particularmente cómoda. La carrera de 2027 comienza a delinearse y cualquier episodio relacionado con su pasado policial puede convertirse en munición política.
La pregunta, entonces, ya no es solamente quién aparece en los videos.
La pregunta de fondo es quién los guardó, quién los entregó y quién decidió que, después de tantos años, era momento de que escucháramos lo que contienen.
Porque en política, como en las viejas historias policiales, a veces importa tanto la grabación como la mano que decide ponerla a circular.