'Bulevar de Ideas'
X: @jchessal
Hay una escena de Volver al futuro quedice más de las ciudades que muchos planes de desarrollo. Marty McFly llega al Hill Valley de 1955 y encuentra una plaza central llena de vida, con comercios, peatones, anuncios y gente que tiene muchas razones para estar ahí. Treinta años después, el mismo lugar sigue existiendo, pero ha perdido buena parte de aquella centralidad. La ciudad no desapareció, simplemente se fue a otra parte.
Algo parecido ha ocurrido en México.Un estudio publicado por Nature Communications analizó 69 zonas metropolitanas mexicanas entre 1990 y 2020 y su conclusión es inquietante. Mientras la población urbana casi se duplicó, los centros de las ciudades perdieron alrededor de 2.5 millones de habitantes. Al mismo tiempo, la distancia promedio respecto del centro aumentó 28 por ciento.Es decir, nuestras ciudades crecieron alejándose de sí mismas.
Durante décadas confundimos desarrollo urbano con expansión. Una nueva colonia era progreso, un fraccionamiento todavía más lejano, también. Después llegaron plazas comerciales, parques industriales, escuelas, hospitales y restaurantes. La periferia dejó de ser periferia solo para crear otra más lejos.
El problema es que una ciudad extendida cobra caro. El precio lo pagamos en gasolina, tiempo, tráfico, contaminación y cansancio. Lo paga también el gobierno cuando debe llevar agua, drenaje, pavimento, alumbrado, transporte y seguridad cada vez más lejos. Y los termina pagando el centro histórico, donde abundan edificios e infraestructura construidos durante décadas, pero disminuyen quienes los usan para vivir.
Una ciudad demasiado extendida reduce las posibilidades de caminar, improvisar un café, regresar a casa a comer o visitar a alguien sin convertir el encuentro en una operación de alta logística. Poco a poco dejamos de medir la ciudad en kilómetros y comenzamos a medirla en minutos perdidos.
Construimos una ciudad nueva mientras dejamos parcialmente desocupada la ciudad que ya habíamos pagado.El estudio explica que el fenómeno no obedece a una sola causa. Influyeron las políticas de vivienda, el suelo barato en las orillas, el aumento del automóvil, cambios demográficos, mercados inmobiliarios y nuevas preferencias residenciales. El resultado es visible para cualquiera que atraviese una ciudad mexicana: fraccionamientos detrás del último fraccionamiento conocido y viajes cotidianos que convierten quince kilómetros en una pequeña expedición.
Una ciudad no mejora necesariamente porque ocupe más territorio. Puede ser más grande y funcionar peor. Tal vez deberíamos presumir menos los nuevos desarrollos y medir más cuánto tarda una persona en llegar a donde necesita estar y cuánta vida cotidiana conserva cada barrio aún.
Tal vez el futuro de nuestras ciudades no esté en seguir avanzando hacia las orillas, sino en aprender a regresar.Después de todo, hasta Marty McFly necesitó volver al centro para encontrar el camino hacia el futuro.