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Rosalía en México: un show de museo

Rosalía quiere darles a sus fans más que sólo un concierto

Rosalía quiere darles a sus fans más que sólo un concierto.

Con el Lux Tour 2026, la española lleva su propuesta artística a un terreno en que la música comparte protagonismo con la ópera, el arte, el teatro, la danza y la electrónica, mediante un espectáculo que involucra al público tanto en lo sensorial como en lo emocional.

Después de conquistar Europa, la gira llegó a Latinoamérica y actualmente a México. Tras presentarse el fin de semana en la Arena VFG (Guadalajara), este miércoles lo hará en la Arena Monterrey, para continuar el 22, 24, 26, 28 y 29 de agosto en el Palacio de los Deportes capitalino.

Parte del impacto del Lux Tour radica en la manera en que Rosalía plantea cada presentación, no como una sucesión de canciones, sino como una experiencia con identidad propia, capaz de transformar el escenario y llevar al espectador de un estado emocional a otro.

Su espectáculo está concebido como un recorrido personal en cuatro capítulos, una estructura que permite que la atmósfera cambie mientras avanza la noche. El trayecto comienza en la oscuridad y la introspección para después avanzar hacia un estallido de energía y terminar en celebración colectiva.

La puesta en escena combina minimalismo con recursos visuales de gran impacto y luces teatrales, y la propuesta sonora abarca contrastes que van de la música clásica al techno industrial gracias a los diferentes registros vocales de la artista.

En ese cruce de disciplinas, la ópera aporta dramatismo; el teatro, narrativa; la danza, movimiento, y la electrónica, una energía que modifica por completo el ritmo del espectáculo.

MUCHO ARTE

Su vestuario y coreografías tienen referencias de los ámbitos pictórico y cinematográfico, con piezas a su medida diseñadas por Ann Demeulemeester y a cargo de su director creativo, Stefano Gallici.

Al inicio del show, la cantante presenta un look de ballet clásico con un body de encaje y tutú plisado con volumen, entre bailarinas tipo Mary Jane en satén rosa. Sus manos y su postura están inspiradas en "La Pequeña Bailarina de Catorce Años", del pintor Edgar Degas.

Tras arrancar con una estética virginal y mística, el segundo acto se vuelve una atmósfera oscura, al utilizar cornamenta en su cabeza y estar rodeada de sus bailarines durante "Berghain", para rendirle homenaje a "El Aquelarre", de Goya, que pertenece a la serie "Asuntos de Brujas".

Mientras suena el clásico "Can't Take My Eyes Off You", Rosalía se convierte en arte y su escenario en un museo viviente al representar a La Gioconda, de Da Vinci, dejando el Louvre.

La estrella se posiciona tras un marco dorado que cuenta con un paisaje renacentista en el fondo, mientras varios espectadores levantan sus celulares para tomarle fotos, en alusión a las largas filas que suelen capturar a la Mona Lisa.

En otro momento del show la cantante honra a "Las Meninas", de Velázquez, en un concepto visual que se sirve de un guardainfante del siglo 17, con corsé ajustado a su silueta y falda con volumen.

Al cantar "La Perla" ante un atril de micrófono, la intérprete porta guantes negros, brasier y vestido blanco enrollado que cuelga de su cintura hasta los pies mientras los bailarines, de vestimenta negra y guantes blancos, la cargan y emulan "La Venus de Milo" mediante una ilusión óptica.

Posteriormente, ya sin los guantes, Rosalía comienza a desenrollar su vestido y se lo coloca sobre los hombros, para dejar al descubierto un detalle negro en su cintura.

Su ensamble de bailarines forman un óvalo que enmarca a la cantante, para dar vida a "El Mundo", la última carta de los arcanos mayores del tarot, que simboliza el cierre de ciclos con plenitud.

Para su acto final utiliza alas blancas en representación de "La Caída de Ícaro", de Jacob Peter Gowy, y de Las Alas del Deseo, película de Wim Wenders.

A CONFESARSE

Si hay un espacio que ha conseguido convertirse en uno de los grandes fenómenos de la gira es El Confesionario, el cual crea un espacio de mayor cercanía antes de sonar "La Perla".

Durante ese acto, la cantante invita al escenario a figuras reconocidas para compartir confesiones, conversar de manera espontánea o protagonizar situaciones únicas que, precisamente por su carácter inesperado, terminan convirtiéndose en varios de los momentos más comentados de cada presentación.

Por "El Confesionario" ya han pasado celebridades como Cara Delevingne, Karol G, Aitana, Francisca Valenzuela, Lali Espósito, Bad Gyal, Juliana y La Joaqui.

"Solía ser la dominante (en mis relaciones), me gustaba tener el control", dijo Delevingne durante su participación con la cantante en un concierto en The O2 Arena, en Londres.

Karol G contó en Los Ángeles que a uno de sus novios no le gustaba celebrar su cumpleaños con ella y siempre ponía pretextos. Viajarían para festejar, ella estaba en la sala de espera con todo y maletas, pero él nunca llegó y ella decidió cortarlo.

Aitana también pasó al Confesionario de Rosalía en la Movistar Arena, en Madrid, y abiertamente charló sobre su pasado lanzando un mensaje de empoderamiento sobre las relaciones en las que no vale la pena invertir tiempo ni ilusión.

La presencia de cada invitada añade un elemento de sorpresa al espectáculo y a la vez alimenta el debate en redes sociales, ya que las confesiones de las famosas se empiezan a volver virales.

Esta mezcla de espectáculo y sorpresa logra que cada fecha pueda tener un elemento distinto. Una invitada inesperada, una conversación espontánea o un momento íntimo pueden terminar convertidos en el instante que domine la red al día siguiente.

En ese sentido, el impacto del tour va más allá de la música. Rosalía se sirve del escenario como un espacio de experimentación en el que diferentes lenguajes artísticos conviven para construir una experiencia integral.

El viaje que propone comienza desde la introspección y avanza hacia la euforia. El público pasa de la oscuridad a la energía, de la contemplación a la celebración, mientras la puesta en escena acompaña cada transformación.

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