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Arturo Ripstein cierra su carrera cinematográfica y dice adiós a los sets

El Diablo Entre las Piernas, de 2019, una inquietante meditación sobre el sexo durante la vejez, es la película que pone punto final a la carrera de Arturo Ripstein.

El cineasta, gloria fílmica nacional, ya no se visualiza, de ninguna manera, en un set.

"Tendría que volver a nacer para querer hacer otra película", dice, contundente, en una entrevista telefónica.

Hace algún tiempo ya le rondaba la idea del adiós. Ahora el realizador de 82 años, que estrenó Tiempo de Morir, su primer largometraje, hace seis décadas, se reafirma en su rechazo el mecanismo de hacer cine.

"A lo mejor agarro una cámara con mis nietos y hago un corto. Pero meterme a un set y pasar por toda la complicidad que es llegar a comenzar a hacer una película, porque es infinitamente más difícil empezarla que terminarla, ¡eso no!", sostiene.

"Es demasiado complejo, muy desgastante. Muy humillante, muy desagradable y triste", agrega, sin ningún dejo de melancolía.

Celebrada en Cannes y San Sebastián, la extensa obra de Ripstein ocupa un lugar fundamental en la historia del cine del País. A contracorriente de visiones complacientes, puso su mirada en el México sórdido.

Ripstein, quien tuvo como mentor artístico a Luis Buñuel, pobló sus filmes de personajes marginales, miserias morales, bajas pasiones y ambientes asfixiantes. Hizo de su apellido un adjetivo: "ripsteiniano".

"No tengo la más remota idea de cuándo comenzó eso", reconoce. "Ni siquiera sé quién dijo esa palabra por primera vez. Pero si existe, me halaga".

¿Es México un país "ripsteiniano"?, se le pregunta al realizador de Profundo Carmesí (1996) y El Coronel No Tiene Quien le Escriba (1999).

"Mis películas son particularmente mexicanas. De ahí usted infiera", dice, con sequedad.

Quizás más apreciado en el extranjero que en su tierra, Ripstein es pesimista, como su cine. En sus palabras, esa actitud por la que es famoso es falta de ingenuidad, así que sobre México no ve un futuro luminoso.

"Yo vivo acá, es un país difícil, estamos en una situación muy grave por muchísimas cosas. Entonces vivir acá y decir: 'Hombre, todo va a ir bien', eso es una especie de engaño atroz que ojalá desaparezca".

Afirma no sentirse representado por el cine de denuncia, expresión que considera como un obstáculo para el arte y de factura fácil. Mucho menos con la corrección política que viene expandiéndose por doquier.

"Está a punto de asesinar el lenguaje, que es lo que nos determina", menciona al respecto.

Asimiló el cine más como la búsqueda de una obsesión que como misión artística, la propagación de una tesis o intento de descifrar al ser humano. Reconoce haber aprendido poco sobre los hombres y mucho menos sobre las mujeres.

"Lo primero es difícil. Lo segundo, inexpugnable", comenta, con humor.

Bajar la cortina en cuanto a su propia obra no inquieta a este creador, sumamente autocrítico y quien no romantiza su legado. De alguna forma, aún se siente parte del cine, como observador.

"Ahí estoy todavía. Vaya, formo parte del público espectador, estoy atento a lo que se hace".

Si alguien desea prestar atención en algún Ripstein, piensa, que sea en otro. Uno que hace cine y televisión: su hijo, Gabriel.

"Es muchísimo mejor que yo. Es brillante y es un tipo con enormes posibilidades. El bueno es él".

- Si El Diablo Entre las Piernas fue su última película, ¿cómo aprecia su filmografía?

Como ya terminada. Las hice, las terminé, ahí están, para bien y para mal. Lo único que yo espero es que si alguien tiene que recordar alguna cosa que yo he hecho, que sea lo mejor y no lo peor.

 

-¿Hay algo que le quedó por decir en una película?

Nunca pensé que quería decir nada. Filmaba porque había temas que me importaban, que se volvían una obsesión. Pero nunca tuve un proyecto de: 'Ahora voy a hacer una película de tal cosa'. Eso es para los que tienen un pensamiento político más agudo que el mío, donde dicen que van a hacer una película porque es importante, porque es indispensable, porque va a ayudar. No, yo hacía cuentos de hadas. Atroces, pero de hadas.

 

HOMENAJE EN STREAMING

Si bien Arturo Ripstein no quiere hacer más cine, sus películas siguen circulando.

La plataforma Mubi acaba de estrenar el homenaje "Así Es la Vida". Comprende El Lugar Sin Límites (1978), El Castillo de la Pureza (1973), El Santo Oficio (1974), Cadena Perpetua (1979), El Imperio de la Fortuna (1986) y Viuda Negra (1977).

El veterano cineasta ha modificado su relación con el consumo de filmes. Entiende las ventajas del streaming, eso cuando se ve en una sala, con una pantalla grande y acompañado.

"Pero ya de ahí a verlas en un teléfono... sigue siendo una especie de atentado contra todo lo que hemos hecho", matiza.

 

 

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