¿Crees posible que las palabras puedan llegar a ocasionar la enfermedad y la muerte? Piénsalo por un momento. ¿Qué acaso no somos seres discursivos, mentales, narrativos y verbales? ¿Qué acaso no todo lo que ha sido creado a nivel material fue dicho con anterioridad en frases mentales o enunciadas? Si somos seres moldeables y programables, es porque somos traspasados por la palabra.
Esas palabras que, al enunciarse, si son recibidas, pueden forjar caracteres, sembrar amor, hacer evolucionar o curar a un ser humano, animal no humano, planta o mineral, o bien destruirlo todo, porque es verdad que van cargadas de energía de diferentes frecuencias.
En la crianza, a veces se les repite a los infantes frases llenas de violencia aceptada socialmente, pero que en realidad son destrato y que en la cuarentena o cincuentena e incluso mucho más allá en el reloj biológico, queda impreso en la psiquis como trauma, porque un niño o niña o bien un ser empático y con la fortuna de la aún inocencia toma de manera un tanto literal las cosas.
El niño(a) es nombrado(a) por el otro, por quien tiene autoridad, por los adultos, por personas que se supone deberían de guiarle, protegerle y acompañarle a crecer de manera sana y con una autoestima fuerte para ser y hacer un camino virtuoso en este mundo.
Pero sabemos que de eso muchas veces falta, porque el trauma se caracteriza por la repetición, en este caso, el transgeneracional, por ende, se busca encontrar una solución; esta vez por fin, para poder salir del bucle de dolor. En este caso las palabras con veneno pueden alojarse en los órganos internos del cuerpo físico, en los músculos, en los huesos, en el cuerpo emocional, energético o mental.
Y todo aquel cuerpo, ya sea físico o sutil que está invadido por veneno, tarde o temprano termina enfermando, sufriendo y muriendo de forma nada natural. ¿Puedes recordar algunas palabras venenosas que te hayan dedicado en algún momento de tu vida? O bien, ¿Algunas que tu hayas expresado conciente o inconscientemente a un otro?
Veo en la consulta como el veneno viaja a través de los tiempos, generación tras generación, entorpeciendo al árbol para dar frutos dulces y danzar con el viento en la paz del espíritu. Y es que el veneno puede tomarse de grandes creencias institucionalizadas o de heridas no sanadas de individuos que requieren de sacar el odio, rencor, envidia o cualquier otra ponzoña de su sistema y lo vacían en quienes los aman, porque eso del amor seguro, en realidad no lo es.
Hablarle con mala actitud a otro ser, con palabras ofensivas, sarcasmos, manipulación, dependencia, expresiones de fastidio, sin empatía, sin paciencia, sin compasión lo que menos es, es amor, es cosificación, es usufructo. ¿Cómo son tus palabras? ¿Qué cariz tienen? ¿Qué intención? ¿Qué tonalidad? ¿Desde dónde las expresas? ¿A caso pasan por el filtro del corazón? Porque se pueden tener sentimientos de apego, de cariño, e incluso de amor por alguien, pero ¿De verdad existe amor, en dónde hay maltrato verbal? ¿Hay amor en el chisme? ¿Hay respeto en la destrucción de la reputación de alguien, solo por pertenecer? ¿Hay amor en la crítica destructiva? ¿Qué tanto veneno nos corre por las venas? Si no lo vemos, ¿Cómo podríamos extraerlo de nosotros?
La violencia verbal, gestual, energética y discursiva es tan común y tan destructiva, que es urgente hacer conciencia de como utilizamos la herramienta más poderosa que existe para la manifestación y la creación en el planeta.
¿Tu palabra pasa por el corazón y por el entendimiento? Porque la imprudencia y la justificación de “yo así soy” es pereza y autodestrucción, porque la paciencia que nos pueden tener o que podemos tener con alguien que no ha revisado el daño que hace a través del lenguaje y la incomunicación en algún momento se pierde y las relaciones se marchitan por sed de cariño, comprensión, acompañamiento y amor.
Si los aguijones de la indiferencia, del maltrato, de las palabras hirientes y sádicas que se justifican como bromas sociales, han atravesado tu corazón, de verdad amigo(a) mío(a) lo siento mucho y te acompaño con un abrazo de comprensión y de invitación a emanciparte de esa tortura invisible que está normalizada más allá de lo imaginable.
Y si el veneno ha llegado a afectar tu cuerpo físico, te recuerdo que nunca es tarde, hay que irlo sacando, poco a poco, con esmero, con escritura, con terapia, con arte, con amor propio. Hasta que en vez de ponzoña te acaricie el alma, un lago suave, una bruma fresca y el canto de mil pájaros que te arrullen hasta recordarte la dulzura de lo Divino que también puede ser una canción, una poesía, una oración, una oda y el consuelo de ti mismo(a) hacia el ser más importante de tu vida que eres tú, el amor de tu vida, eres tú.
Así que la cura es hablarte con el amor más profundo, dulce e infinito y no permitir que nunca más el veneno entre en tu sistema, porque el amor y la luz serán tan nítidas en algún momento, que eso será prácticamente imposible. Dulces palabras para tu alma hagan brotar en ti frutos dulces.
Gracias por caminar juntos.
Tu terapeuta.
Claudia Guadalupe Martínez Jasso.