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Springfield vs Le Corbusier

'Bulevar de Ideas'

X: @jchessal

Hay una manera bastante sencilla de entender algunas de las discusiones más importantes del urbanismo del siglo XX sin abrir un tratado de arquitectura; basta preguntarse dónde preferiríamos vivir, si en una ciudad perfectamente ordenada o en Springfield.

La pregunta parece absurda. Springfield, la ciudad de Los Simpson, es un desastre. Tiene una planta nuclear manejada con criterios dudosos, un alcalde corrupto, un jefe de policía incompetente, una taberna deprimente, calles en reparación permanente y una colección extraordinaria de ciudadanos excéntricos. Sin embargo, posee algo que muchas ciudades cuidadosamente planificadas han perdido, tiene vida.

Durante buena parte del siglo XX, uno de los grandes sueños del urbanismo fue construir ciudades racionales. Le Corbusier imaginó edificios altos separados entre sí, grandes superficies verdes, amplias avenidas y zonas destinadas específicamente a vivir, trabajar, circular o descansar. La ciudad debía funcionar como una máquina bien diseñada.

Era una reacción comprensible frente al hacinamiento, la contaminación y el desorden de las ciudades industriales. Si las calles estrechas producían congestión y enfermedad, había que abrirlas; si viviendas, fábricas y comercios se mezclaban desordenadamente, había que separarlos; si el suelo era escaso, convenía crecer hacia arriba.El problema fue descubrir que las personas no vivimos como diagramas o planos.

Décadas después, Jane Jacobs observó las calles de Nueva York y sostuvo prácticamente lo contrario. La seguridad, la convivencia y la vitalidad urbana no nacían necesariamente del orden, sino de la mezcla. Comercios junto a viviendas; niños, trabajadores, ancianos y visitantes utilizando las mismas calles a distintas horas; pequeños establecimientos, aceras concurridas y gente mirando gente. Como en Springfield.

Homero puede salir de la planta nuclear, detenerse en el Kwik-E-Mart de Apu, encontrarse con Barney en la taberna de Moe, pasar frente a la escuela de Bart y terminar conversando con Ned Flanders junto a la cerca de su casa. Los personajes se cruzan constantemente porque la ciudad obliga a sus vidas a tocarse.Eso es mucho más importante de lo que parece a simple vista.

Una ciudad no está formada solamente por edificios, calles y parques. También está hecha de encuentros accidentales. Cuando la ciudad separa demasiado sus funciones, esos encuentros comienzan a desaparecer.
Vivimos entonces en una casa dentro de un fraccionamiento, subimos al automóvil, recorremos varios kilómetros hasta la oficina, volvemos a subir al automóvil, conducimos hasta un centro comercial y regresamos finalmente a casa. Podemos pasar todo el día rodeados por miles de personas sin realmente encontrarnos con ninguna.Le Corbusier quería liberar a las personas del caos urbano mediante el orden. Jacobs sospechaba que cierto grado de caos era precisamente lo que hacía posible la ciudad.

Una ciudad perfectamente organizada puede ser admirable vista desde el aire; la verdadera pregunta es si también resulta interesante cuando uno camina por ella.

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