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El sesgo detrás del diagnóstico

Punto Crítico

IG: @ritmos_propios
Durante décadas, el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) se ha asociado principalmente con las mujeres. En los servicios clínicos se ha observado una mayor proporción de diagnósticos femeninos, cercana a tres mujeres por cada hombre. Pero surge una pregunta: ¿esta diferencia refleja realmente la frecuencia del trastorno o también la manera en que interpretamos ciertas conductas según el género? La prevalencia del TLP continúa siendo debatida y depende de los métodos de evaluación.

El TLP es una condición compleja que puede incluir dificultades para regular las emociones, impulsividad, problemas de identidad, relaciones inestables y sensibilidad al rechazo o abandono. Sin embargo, no existe una única manera de vivirlo. El problema surge cuando estas manifestaciones se convierten en etiquetas: una mujer puede ser considerada “dramática”, mientras un hombre que expresa ira o impulsividad puede recibir otro diagnóstico. ¿Estamos observando el mismo sufrimiento desde perspectivas diferentes?

La investigación ofrece razones para cuestionar esta mirada. Estudios recientes señalan que los hombres con TLP pueden presentar con mayor frecuencia ira e impulsividad, mientras que en mujeres aparecen más algunos patrones de inestabilidad afectiva, vacío emocional y conductas suicidas o de autolesión.

Esto no significa que existan “síntomas masculinos” y “síntomas femeninos”. La expresión del sufrimiento también está influida por factores psicológicos, culturales y sociales. Una revisión sobre hombres con TLP advierte que algunos pueden recibir erróneamente un diagnóstico de Trastorno Antisocial de la Personalidad, debido a la asociación tradicional del TLP con las mujeres.

Aquí aparece uno de los desafíos centrales: el sesgo diagnóstico. Diagnosticar implica comprender los comportamientos dentro de la historia de cada persona. Si un hombresensibilidad al abandono mediante enojo, consumo de sustancias o conductas impulsivas, ¿reconocemos el dolor detrás de ellas o solamente juzgamos su manera de expresarlo?

Y si una mujer presenta una intensa inestabilidad emocional, ¿la escuchamos clínicamente o asumimos que se trata de “dramatismo”? La investigación ha mostrado que el género puede influir en cómo determinadas características son reportadas e interpretadas durante la evaluación de los trastornos de personalidad.

Cuestionar el sesgo de género no significa afirmar que hombres y mujeres experimenten el TLP de la misma manera. Existen diferencias en algunos síntomas y patrones asociados, pero todavía falta comprender cuánto influyen la cultura, el ambiente y las expectativas sociales.

Por eso, necesitamos cambiar el abordaje. En lugar de preguntarnos “¿quién tiene TLP?”, deberíamos preguntarnos “¿cómo se manifiesta el sufrimiento de esta persona y qué estamos dejando de ver?”. Esto exige profesionales capaces de explorar la historia completa, considerar diagnósticos diferenciales y evitar que los estereotipos de género condicionen la evaluación.
También es necesario dejar de convertir el diagnóstico en un juicio moral. Tener TLP no hace a una persona manipuladora, peligrosa, exagerada ni imposible de tratar. Es una condición compleja que requiere comprensión, evaluación rigurosa y acceso a tratamientos adecuados.

Quizá el cambio cultural comience cuando dejemos de imaginar un rostro femenino al escuchar “Trastorno Límite de la Personalidad”. Esto no significa negar las experiencias de las mujeres, quienes han enfrentado durante años el estigma de ser consideradas “demasiado emocionales”, sino reconocer también a los hombres que pueden sufrir sin recibir un diagnóstico adecuado.

La evidencia muestra que las cifras dependen de cómo se estudia el trastorno, por lo que es necesario perfeccionar las herramientas diagnósticas. ¿Cuántas personas podrían recibir una explicación más justa de lo que viven si aprendemos a mirar el sufrimiento sin imponerle género? Cuestionar este prejuicio no es solo una cuestión clínica: también es una forma de devolver humanidad a quienes han sido reducidos a una etiqueta.

 

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