Vértice
Amigas y amigos de Plano Informativo, hay momentos en la vida de una mujer que la transforman para siempre. Convertirse en madre es, sin duda, uno de ellos. Y con ese momento llegan también emociones que difícilmente pueden explicarse con palabras, la alegría de tener por primera vez a un hijo entre los brazos, el inmenso amor que nace de manera casi inmediata, pero también las dudas, el cansancio y el temor de no saber si todo se está haciendo bien.
Quienes hemos vivido la maternidad sabemos que la lactancia es mucho más que alimentar a un bebé. Es un acto de amor, de entrega y de conexión. Pero también puede ser un proceso lleno de retos. Hay días en los que todo parece sencillo y otros en los que una palabra de aliento o una mano que acompañe hacen toda la diferencia.
Por eso, cuando pienso en la Semana Mundial de la Lactancia Materna, no pienso solamente en una campaña de salud ni en una fecha que aparece en el calendario. Pienso en las mujeres que acompañan a otras mujeres.
Pienso en esa mamá que comparte su experiencia para tranquilizar a quien vive sus primeros días de incertidumbre. En la hermana que ayuda sin que nadie tenga que pedírselo. En la amiga que llega con comida, con un abrazo o simplemente con la disposición de escuchar. Porque muchas veces ese acompañamiento vale tanto como cualquier consejo.
Esa, para mí, es la verdadera sororidad.
Como diputada tuve el privilegio de convertir esa convicción en una herramienta jurídica. La Ley de Lactancia para el Estado de San Luis Potosí nació después de escuchar a muchas madres potosinas que compartieron conmigo sus experiencias. Mujeres que hablaban de la falta de espacios adecuados para amamantar o extraer leche en sus centros de trabajo, de la necesidad de contar con mayor información y, sobre todo, de sentirse acompañadas durante una etapa tan importante de su vida.
Gracias a ese esfuerzo colectivo, San Luis Potosí se convirtió en la segunda entidad del país en contar con una legislación específica en la materia. Más que un logro legislativo, siempre lo he visto como un reconocimiento a miles de mujeres que merecen ejercer la maternidad en condiciones dignas y con el respaldo de las instituciones.
Pero también he aprendido que las leyes, por sí solas, nunca son suficientes.
Una ley puede garantizar un lactario, proteger un derecho o establecer obligaciones para los centros de trabajo. Todo eso es indispensable. Sin embargo, hay algo que ninguna legislación puede ordenar, la empatía.
Ninguna ley puede obligar a una compañera de trabajo a ofrecer una palabra de ánimo. Ninguna ley puede enseñar la sensibilidad de comprender el cansancio de una madre reciente. Ninguna ley puede sustituir ese abrazo oportuno que llega cuando parece que las fuerzas comienzan a agotarse.
Eso nace del corazón.
Y es ahí donde todas y todos tenemos una responsabilidad.
Como sociedad debemos construir espacios donde una mujer que amamanta se sienta respetada, comprendida y acompañada. Donde pueda alimentar a su hija o a su hijo sin sentirse observada o juzgada. Y también donde aquellas mujeres que, por distintas circunstancias, no pudieron o decidieron no amamantar, encuentren comprensión en lugar de señalamientos. Cada historia es distinta y todas merecen el mismo respeto.
Estoy convencida de que las transformaciones más profundas no ocurren únicamente cuando se publica una ley en el Periódico Oficial. Ocurren cuando una comunidad decide cuidar de sus mujeres. Cuando entendemos que acompañar a una madre no es un favor, sino una forma de reconocer el enorme esfuerzo que representa traer una nueva vida al mundo.
En esta Semana Mundial de la Lactancia Materna quiero expresar mi reconocimiento a todas las madres que viven esta etapa con amor, con entrega y, muchas veces, con un enorme sacrificio silencioso. También quiero decirles que no están solas. Detrás de cadaderecho conquistado hay mujeres que levantaron la voz para hacerlo posible, pero también hay muchas otras que, desde la sencillez de un gesto cotidiano, hacen más llevadero ese camino.
Porque cuidar a una madre también es cuidar a nuestras familias.
Y cuando una sociedad aprende a cuidar a sus madres, aprende también a cuidar su propio futuro.
De corazón, gracias por su lectura.
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