Detrás del Telón
El calendario electoral todavía no marca el arranque formal de las campañas, pero en San Luis Potosí la carrera por la gubernatura y las alcaldías de 2027 ya está en marcha. Los aspirantes se mueven, recorren municipios, conceden entrevistas, aparecen en redes sociales y multiplican su presencia pública, mientras los espectaculares que se presentan como promoción institucional dejan entrever, cada vez con menos disimulo, sus verdaderas aspiraciones políticas.
Con mayor respaldo del PAN que del PRI, el alcalde Enrique Galindo mantiene sus recorridos por distintos puntos del estado. Desde Morena aparece el joven Carlos Arreola, mientras que por el PT Gerardo Sánchez Zumaya también intensifica su movilidad. Los tres buscan ganar terreno y reconocimiento, aunque sus niveles de conocimiento entre la ciudadanía todavía son reducidos; no son figuras ampliamente identificadas por el electorado ni generan, hasta ahora, el entusiasmo masivo que algunos de sus propios equipos parecen atribuirles.
En la contienda por la alcaldía capitalina también comienzan a perfilarse nombres. Por el PAN, Marcelo de los Santos Anaya ha intensificado sus recorridos entre sectores sociales muy distintos a los que tradicionalmente frecuenta, en una especie de “baño de pueblo” que difícilmente pasa inadvertido. A la par, los espectaculares del diputado Rubén Guajardo colocados en la llamada zona dorada de la capital parecen hablar por sí mismos sobre sus aspiraciones políticas.
Nadie reconoce abiertamente estar en campaña, pero las señales están ahí. Todos se comportan como si la cuenta regresiva electoral ya hubiera comenzado. La legislación enfrenta dificultades para sancionar los actos anticipados de campaña cuando éstos se camuflan bajo esquemas de promoción personal, actividades institucionales o presencia pública, y esa zona de indefinición se ha convertido en uno de los principales terrenos donde los aspirantes buscan avanzar sin asumir formalmente el costo político de estar en campaña.
Mientras algunos aceleran el paso y recurren a toda clase de argumentos para explicar sus movimientos, desde Palacio de Gobierno el mensaje parece ser otro. El gobernador Ricardo Gallardo Cardona ha insistido en que no existe prisa por adelantar la sucesión y que será hasta diciembre cuando el Partido Verde establezca los tiempos y defina los perfiles para los eventuales destapes.
Gallardo mantiene el control de los tiempos políticos y una presencia importante en la narrativa pública de medios y redes sociales. Con niveles de aprobación y reconocimiento que lo colocan entre los gobernadores mejor evaluados del país, seguramente cuenta con mediciones que permiten conocer la fortaleza del PVEM y las áreas de oportunidad de sus adversarios rumbo a 2027. Desde la posición de partido gobernante, parece razonable no elevar todavía la temperatura política. Primero está la Fenapo y después llegará el V Informe de Gobierno.
La diferencia con otros momentos del cierre de sexenio es evidente. A estas alturas de sus respectivas administraciones, los exgobernadores Fernando Toranzo Fernández y Juan Manuel Carreras López enfrentaban un escenario mucho más complicado: aparecían desgastados, con menor respaldo ciudadano y con evaluaciones negativas que reflejaban un evidente deterioro político.
El PVEM parte, por ahora, con la ventaja de ser el partido en el gobierno y de tener la capacidad para administrar los tiempos y marcar buena parte de la agenda política. En contraste, los partidos de oposición enfrentan el desafío de construir presencia, ganar reconocimiento y consolidar liderazgos capaces de conectar con la ciudadanía.
El riesgo para quienes ya se adelantaron no es menor. La sobreexposición puede convertirse en desgaste y el desgaste, en vulnerabilidad. Si la carrera comienza demasiado pronto, algunos podrían llegar a la contienda definitiva con buena parte de su capital político ya consumido. En política, como en las carreras de resistencia, no siempre gana quien arranca primero, sino quien sabe administrar mejor el paso y llegar con fuerza a la meta.