columnas

Nuestra amada UNAM

Imágenes desde el zócalo

Una pléyade de noticias ha inundado las redes en torno al examen de la UNAM. Ahí están los que, con justa razón, exhiben su indignación porque se ponga en un mismo costal a los que actuaron bien, estudiaron, se prepararon y acreditaron el examen, junto con aquellos que siguieron el consejo de ese joven malandrín que desde un video de TikTok, aconseja “haz lo que tengas que hacer. Si necesitas hacer trampa, hazla”. Ejemplos puntuales de la crisis de valores que se vive en tierras mexicanas. Por otro, los que aprovechan para golpear a las autoridades, al rector, a quienes contrataron a “Territorium Life” y a cualquiera que se atraviese en la escena pública frente a esta grave noticia. ¿Son solo los criticólogos de siempre? O, ¿se trata de quienes desde las sombras del régimen tratan de llevar agua a su molino? Pienso que son mas los segundos. 
 
Lo cierto es que, no ha sido un episodio más de debate sociodigital. Se presentaron problemas reales. Basta con citar el estudio del matemático Raúl Rojas, quien reveló que el 91% de los aceptados en 2026 pertenece a un grupo de resultados atípicos, lo que sugiere importantes irregularidades. El escándalo tiene sustento.  
 
No obstante, cabe recordar que la autodenominada 4T, desde tiempos en los que reinaba aquél pequeñito personaje tabasqueño, ha intentado infiltrar y someter a nuestra máxima casa de estudios. No han podido. Más de lo que cualquier otra institución -ni el Poder Judicial, ni los órganos autónomos, apenas algo el INE- la UNAM, su fuerza histórica y tejido orgánico, pudo resistir. La amplia articulación social que representa, le ayudó a tener un soporte que se sobrepuso a la peligrosa coyuntura que representó el “destructor de instituciones”. El macuspano, sencillamente no pudo con la institución educativa que le llevó 14 años -9 más que el promedio- para obtener una licenciatura. Esa que -dicho también con crítica objetiva- debió hacer más, para castigar las trampas de quien, pese al plagio, llegó a la SCJN. 
 
Considero que el Rector ha mostrado buenos reflejos. Instaló una Comisión Técnica para la revisión del examen de ingreso a la licenciatura 2026. Con ello, instó a sus integrantes a tener resultados contundentes, establecer una ruta clara, que le permitiera atender el tema para dar certidumbre a miles de jóvenes. Caso seguido, anunció un examen de control presencial para aspirantes. Cabe señalar que, la citada comisión ya detectó conductas prohibidas en la prueba en línea, tales como el uso de celulares, apoyo externo e incluso, la suplantación de identidad. Por ello, la destitución de la secretaria general, Patricia Dávila y el nombramiento de Javier de la Fuente Hernández en su lugar, brindan una señal contundente de que se atiende esta crisis con seriedad y responsabilidad. 
 
Considero que esta coyuntura pasará. No obstante, las preguntas que este episodio abre son importantes. ¿Cómo proteger a la Universidad de la siempre latente intención que tienen las autoridades de cooptarla? ¿Cómo evitar que unos cuantos intenten desestabilizarla? ¿Cómo aprovechar la coyuntura para relanzarla, para revisar sus necesidades y enfrentar los desafíos que tiene? Recordemos un dato preocupante para la educación pública; el prestigiado ITESM avanzó entre los primeros cinco lugares del QS América Latina 2026. Aunque la UNAM tuvo mejor puntuación en unos indicadores, la institución privada la superó. 
 
Frente al delicado momento de “transición” -político, económico y social- que vive el país, donde la movilización popular no termina por encontrar un cauce claro, debemos tener presente la encrucijada que enfrentamos. Por un lado, ese en el que unos cuantos se han aprovechado de la necesidad social para hacer mercadotecnia, en lugar de política pública; en el que los dirigentes y liderazgos, por el malsano afán de llegar al poder, se amafiaron con criminales y con todo aquello que juraron destruir. Por otra parte, el momento histórico, en el que podemos dar un salto cuántico, con organización social, consciencia y liderazgos que apuntalen nuevas capacidades de cocreación innovadora, convivencia cotidiana y construcción institucional.  
 
Con autocrítica y propuesta, estoy convencido que, de este triste episodio, proyectaremos un nuevo momento. De la UNAM saldrá la transformación real -no la de la grilla mentirosa- del México que viene. De sus aulas saldrán las ideas, las propuestas, las genialidades que guiarán la energía social que hoy se encuentra sin brújula. Toda mi solidaridad con mi “alma mater”. 
 
OTRAS NOTAS