Libertad de opinión
No se puede negar que el golpe asestado por la Fiscalía General de la República contra el exgobernador de Baja California, Ernesto Ruffo Appel, acusado de delincuencia organizada y huachicol fiscal, dejó prácticamente contra las cuerdas a la oposición.
La presidenta Claudia Sheinbaum logró cambiar por completo la narrativa. Hasta hace unos días, importantes figuras opositoras lanzaban constantes señalamientos contra el gobierno anterior y la actual administración por el escándalo del huachicol fiscal, un fraude que, según diversas estimaciones, podría alcanzar los 600 mil millones de pesos anuales. Ahora los papeles se invirtieron: los señalados son personajes vinculados al PAN o que anteriormente militaron en ese partido.
El discurso dio un vuelco. Ahora es el diputado federal Arturo Ávila, vocero de Morena, quien acusa a los blanquiazules de ser la mayor mafia del huachicol y los señala abiertamente como criminales. Morena pasó de estar a la defensiva a colocar a la oposición en el banquillo de los acusados.
Con esto no pretendo validar ni justificar completamente la actuación de los personajes ligados a la llamada Cuarta Transformación. Simplemente reconozco que su estrategia política resultó efectiva, calculada y contundente. El escenario cambió de manera inesperada: mientras Rubén Rocha Moya, mandatario estatal con licencia de Sinaloa y solicitado en extradición por Estados Unidos, era captado bailando despreocupadamente en una fiesta familiar, Ruffo Appel, primer mandatario de oposición en la historia moderna del país, pasaba sus horas encerrado en una celda fría.
Por su parte, la oposición denuncia una revancha política, acusa al gobierno de utilizar la justicia como instrumento de persecución y señala que se protege a los verdaderos peces gordos ligados a la 4T. Sheinbaum responde desde la conferencia mañanera, desmiente las acusaciones y posiciona una narrativa demoledora con una sonrisa burlona en sus labios: “los mayores huachicoleros son ustedes”.
Abogados reconocidos han señalado que el caso contra Ernesto Ruffo estaría plagado de inconsistencias. Por ello, no debería sorprender que, más adelante, la FGR tenga dificultades para sostener todas sus acusaciones y el exmandatario termine recuperando su libertad, como ocurrió en su momento con Rosario Robles.
Sin embargo, esa discusión vendrá después. Por ahora, el golpazo político ya fue dado y la 4T logró arrebatarle la narrativa a la oposición. Al final, todo este cochinero solamente confirma algo que millones de mexicanos sabemos desde hace años: la corrupción de la clase política no distingue colores, partidos ni ideologías. Unos se acusan, otros se protegen y todos utilizan los escándalos para sacar ventaja, mientras la verdad y la justicia no se ven por ningún lado.