Tiene un sabor y una textura similares a los del azúcar tradicional, pero aporta una fracción de sus calorías y provoca un menor impacto en la glucosa. Sin embargo, consumirla en exceso puede causar molestias digestivas.
La alulosa comienza a ganar espacio entre las personas que buscan reducir su consumo de azúcar sin renunciar por completo al sabor dulce. Este ingrediente aparece cada vez con mayor frecuencia en productos bajos en calorías, alimentos para dietas cetogénicas, bebidas y postres.
Pero ¿realmente es una opción saludable o representa algún riesgo?
La alulosa, también conocida como D-alulosa o D-psicosa, es un tipo de azúcar simple que se encuentra naturalmente en cantidades pequeñas en alimentos como los higos y las pasas.
Aunque su estructura es parecida a la de la fructosa, el organismo absorbe gran parte de la alulosa sin utilizarla completamente como fuente de energía. Por esta razón aporta muchas menos calorías que el azúcar convencional.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, FDA, utiliza un valor de 0,4 calorías por gramo para la alulosa, frente a las aproximadamente cuatro calorías por gramo que aporta el azúcar de mesa.
Además, su poder endulzante es ligeramente menor que el del azúcar, por lo que algunas presentaciones comerciales pueden mezclarla con otros edulcorantes.
La principal ventaja de la alulosa es que permite endulzar alimentos y bebidas con menos calorías y con un menor efecto inmediato sobre los niveles de glucosa en la sangre.
Una revisión de seis estudios clínicos, en los que participaron 126 personas con diabetes tipo 2, encontró que su consumo se relacionó con una reducción de la glucosa después de comer. Sin embargo, no se observaron cambios significativos en la glucosa en ayunas y los investigadores señalaron que todavía se necesitan estudios más amplios y de mayor duración.
Esto significa que la alulosa podría ser una herramienta para disminuir el consumo de azúcar, pero no es un tratamiento contra la diabetes ni un producto que por sí solo provoque pérdida de peso.
La alulosa suele tolerarse adecuadamente cuando se consume en cantidades moderadas. No obstante, una ingesta elevada puede ocasionar efectos gastrointestinales como:
Un estudio realizado en adultos sanos encontró que la frecuencia de estas molestias aumentaba conforme se incrementaba la cantidad consumida. La tolerancia puede variar de una persona a otra, por lo que es recomendable comenzar con porciones pequeñas.
También conviene revisar la lista completa de ingredientes, pues algunos productos etiquetados como alulosa contienen eritritol, maltodextrina, dextrosa u otros endulzantes que pueden modificar su aporte calórico o causar molestias digestivas.
En Estados Unidos, la FDA permite un tratamiento especial para la alulosa en las etiquetas nutricionales debido a su bajo aporte energético y a su diferente respuesta metabólica.
En contraste, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria concluyó en 2025 que no podía establecer su seguridad dentro de una solicitud presentada como nuevo alimento, debido a que el expediente no aportó toda la información adicional requerida. Esto no significa que se haya demostrado que la alulosa sea dañina, sino que los datos disponibles en esa evaluación fueron insuficientes para emitir una conclusión definitiva.
La alulosa no debe considerarse un alimento milagroso, pero puede ser una alternativa útil para reducir el azúcar y las calorías de la dieta. Su consumo moderado parece ser tolerado por la mayoría de los adultos, aunque abusar de ella puede provocar problemas digestivos.
La recomendación es utilizarla con moderación, revisar los ingredientes de cada producto y recordar que cambiar el azúcar por un edulcorante no sustituye una alimentación equilibrada. Las personas con diabetes, enfermedades gastrointestinales o tratamientos médicos deben consultar a un profesional de la salud antes de incorporarla de manera habitual.