La región de Latinoamérica recibe apenas el 6 por ciento del financiamiento climático global, a pesar de albergar el 19 por ciento de las reservas petroleras probadas del mundo, reveló en un comunicado WTW, compañía de capital humano y broker de seguros.
Además que cada grado de aumento de temperatura global podría traducirse en una caída del 12 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) global; los efectos son desproporcionadamente altos en economías de la región.
"La narrativa del riesgo climático tiene un contrapeso positivo que con frecuencia queda subestimado en las discusiones de gestión de riesgos: la transición hacia una economía de bajas emisiones representa una de las mayores oportunidades de generación de negocios financieros de las próximas décadas.
"Bonos verdes, créditos verdes, seguros paramétricos ligados a variables climáticas y financiamiento de energías renovables son productos con demanda creciente y márgenes diferenciados", señala el análisis "El valor de lo natural", realizado por WTW.
Para los expertos de WTW, las instituciones que lideren la integración del riesgo climático en su gestión de riesgos no solo reducirán su exposición a pérdidas, también se posicionarán para capturar la demanda de financiamiento de la transición energética, un flujo de capital que, según estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), requerirá inversiones de cientos de miles de millones de dólares en la región en los próximos 15 años.
Además, mencionan que la región no solo es relevante, es crítica para el futuro energético y económico del mundo.
De tal forma que la región combina una matriz eléctrica comparativamente limpia, importantes recursos de petróleo y gas, y una base mineral decisiva para electrificación, redes, almacenamiento y manufactura de tecnologías limpias.
Pero también se requiere atraer inversión, garantizar abastecimiento, sostener estándares ambientales y sociales, y administrar expectativas de comunidades, gobiernos e inversionistas al mismo tiempo.
Según la Agencia Internacional de la Energía (IEA por sus siglas en inglés), la región ya genera alrededor del 60 por ciento de su electricidad a partir de fuentes renovables y, bajo políticas vigentes, esa participación podría subir a cerca de dos tercios en 2030 y a 80 por ciento hacia 2050.
Aunque bajo escenarios de mayor cumplimiento de compromisos, superaría el 70 por ciento ya en 2030.
"La señal es clara: la transición ya no es una narrativa futura, sino una reasignación de capital, infraestructura y prioridades de política pública.
"Las compañías deberán gestionar un modelo híbrido en el que conviven activos tradicionales con nuevas exigencias de flexibilidad, almacenamiento, transmisión, integración regional y descarbonización de cadenas de valor", concluye el informe de WTW.