La NASA ha difundido una extraña imagen captada a bordo de la Estación Espacial Internacional, donde un cristal cultivado en condiciones de microgravedad adopta una arquitectura imposible de reproducir en la Tierra. La fotografía, compartida el 18 de julio por el astronauta Don Pettit, muestra cómo la ausencia práctica de peso transforma el crecimiento de un compuesto cotidiano hasta convertirlo en una estructura escalonada de aspecto futurista.
El protagonista de la escena es un cristal de cloruro de potasio, una sal muy frecuente que también se utiliza como sustituto del sodio en determinados alimentos y bebidas deportivas. Bajo el microscopio, la formación no presenta el aspecto cúbico y compacto que cabría esperar, sino una sucesión de capas piramidales que se curvan hacia el interior mientras avanzan desde los bordes y las esquinas.
La explicación se encuentra en la microgravedad de la estación espacial, un entorno donde la atracción gravitatoria resulta aproximadamente un millón de veces más débil que en la superficie terrestre. Según explicó la profesora de química y bioquímica Anne Wilson, esta reducción permite que otras fuerzas, como la atracción molecular y la polaridad, adquieran una influencia mucho mayor sobre los líquidos y los materiales sólidos.
Un crecimiento casi imposible en la Tierra
En nuestro planeta, los cristales aumentan de tamaño hasta que su propio peso provoca que se deformen, se rompan o terminen depositándose en el fondo del recipiente. En órbita, esa limitación prácticamente desaparece, de modo que las estructuras pueden continuar expandiéndose desde el punto en el que comenzaron sin que la gravedad altere de manera decisiva su geometría.
El cloruro de potasio suele organizarse en cristales con forma de cubo, pero en microgravedad el material crece principalmente desde las aristas y las esquinas, en lugar de avanzar de forma uniforme por sus caras. Este proceso deja zonas centrales huecas y genera figuras piramidales encajadas unas dentro de otras, responsables del llamativo patrón fotografiado por el astronauta.
Una pista para fabricar materiales avanzados
Los científicos denominan a este fenómeno hopper growth, un tipo de crecimiento que también puede darse en la sal común. A medida que surgen nuevas esquinas, el cristal puede modificar su dirección y desarrollar formas cada vez más complejas, como la estructura enrollada y escalonada observada en la imagen publicada desde la Estación Espacial Internacional.
Más allá de su apariencia, estos experimentos permiten estudiar materiales con menos defectos que los cultivados bajo la influencia constante de la gravedad terrestre. Analizar estructuras próximas a un estado ideal podría ayudar a perfeccionar procesos de fabricación relacionados con semiconductores y otros materiales avanzados, además de mostrar cómo una sustancia aparentemente sencilla puede comportarse de una manera radicalmente distinta fuera de la Tierra.