San Luis Potosí, SLP.- La preocupación en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí ya no se limita al rendimiento académico. Un estudio realizado entre más de dos mil estudiantes reveló un panorama que obliga a mirar más allá de las calificaciones, siete de cada diez jóvenes presentan señales que indican la necesidad de recibir algún tipo de atención en salud mental, mientras que una parte de ellos enfrenta situaciones de mayor gravedad relacionadas con el riesgo de autolesión.
El director de la Facultad de Psicología, Jaime Sebastián F. Galán Jiménez, explicó que los resultados permitieron detectar que alrededor del 15 por ciento de los alumnos evaluados mostró indicadores de alto riesgo, lo que equivale a más de 300 estudiantes. Aclaró que “las cifras no constituyen un diagnóstico clínico, sino una herramienta para detectar casos que requieren seguimiento y canalización a servicios especializados”, por lo que el objetivo es identificar oportunamente a quienes necesitan apoyo antes de que la situación se agrave.
Frente a este escenario, la UASLP prepara una estrategia institucional que buscará convertir la atención psicológica en una política permanente. El programa, que será presentado ante el Consejo Directivo, contempla acciones de prevención, atención y acompañamiento tanto para estudiantes como para trabajadores universitarios. Además, se proyecta la creación de una especialidad en psicoterapia enfocada en ansiedad y depresión, con el propósito de fortalecer la capacidad de respuesta profesional dentro de la institución.
Las investigaciones impulsadas por la Facultad de Psicología también buscan explicar por qué cada vez más jóvenes enfrentan este tipo de problemáticas. Los primeros hallazgos muestran que las conductas de autolesión no tienen un origen único; la percepción de la propia imagen corporal aparece como uno de los factores asociados, aunque ahora los especialistas profundizarán mediante entrevistas para conocer el papel que desempeñan la convivencia social y el uso cotidiano de las redes sociales.
Galán Jiménez reconoció que la exigencia académica puede convertirse en un detonante, pero subrayó que el fenómeno es mucho más complejo. “La presión académica es uno de los elementos que pueden influir en la salud mental”, señaló, al tiempo que advirtió que la violencia, las dificultades económicas y diversas circunstancias personales forman parte del entorno que impacta el bienestar emocional de los jóvenes. Más que un problema aislado, los resultados reflejan un desafío que rebasa las aulas y coloca a la salud mental como una de las prioridades que las instituciones educativas deberán atender en los próximos años.