La instalación de Guanajuato fue suspendida temporalmente mientras autoridades estadounidenses investigan un brote de ciclosporiasis que suma casi dos mil casos relacionados con el consumo de lechuga.
Taylor Farms suspendió temporalmente las operaciones de su planta procesadora en el centro de México, señalada por autoridades sanitarias de Estados Unidos dentro de la investigación por un brote de ciclosporiasis asociado con lechuga iceberg rallada. El cierre fue reportado por Reuters con base en una fuente de la industria cercana al caso.
La medida ocurre en medio de resultados contradictorios. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos —FDA, por sus siglas en inglés— reconoció que una muestra de lechuga que inicialmente había resultado positiva a Cyclospora cayetanensis fue, en realidad, un falso positivo. Hasta el 19 de julio no existía una sola muestra de producto con contaminación confirmada.
En México, la Secretaría de Salud también informó que los análisis realizados a lechugas, materias primas, productos terminados y agua de la planta fueron negativos. Las diez muestras examinadas mediante pruebas moleculares PCR no detectaron la presencia del parásito.
Sin embargo, la FDA sostiene que el error de laboratorio no modifica el rumbo de la investigación. Los datos epidemiológicos y el rastreo de la cadena de suministro continúan señalando a la lechuga iceberg procesada por Taylor Farms y proveniente de productores del centro de México.
El brote abarca nueve estados de la Unión Americana y acumula mil 947 personas infectadas que reportaron haber comido en restaurantes Taco Bell. Al menos 98 pacientes fueron hospitalizados y, hasta el 24 de julio, no se habían registrado fallecimientos.
Como medida preventiva, Taylor Farms retiró del mercado estadounidense la lechuga distribuida entre el 29 de junio y el 16 de julio en 27 estados, suspendió los envíos procedentes del centro de México y dejó de recibir producto del lote investigado. Taco Bell también dejó de utilizar lechuga suministrada por la empresa mexicana.
Aunque las pruebas disponibles no han confirmado contaminación en los productos analizados, la paralización de la planta muestra el costo inmediato de una sospecha sanitaria: pérdida de operaciones, retiro de mercancía y dudas sobre la confiabilidad de la cadena agrícola mexicana.
El episodio también coloca bajo presión la reputación de los alimentos “Hechos en México”. En los mercados internacionales, una investigación epidemiológica abierta puede tener consecuencias comerciales antes de que exista una prueba definitiva, especialmente cuando están en juego la seguridad alimentaria y la confianza de millones de consumidores.