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Visitan Irán periodistas de NYT durante la guerra

Periodistas de The New York Times ingresaron a Irán para cubrir los funerales del ayatolá Ali Jamenei, en medio de estrictas restricciones, vigilancia oficial y las secuelas sociales y económicas del conflicto.

Por primera vez desde los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán a finales de febrero, periodistas de The New York Times ingresaron al país para cubrir las ceremonias fúnebres del ex líder iraní, el ayatolá Ali jamenei, asesinado en el primer día del conflicto.
 
 El corresponsal en Medio Oriente, Abdi Latif Dahir, y el fotógrafo Emile Ducke viajaron junto con dos integrantes del equipo de video del diario para documentar un momento marcado por la movilización masiva, el duelo y las tensiones políticas.
 
Dahir explicó que informar desde Irán ya era una tarea compleja incluso antes de la guerra, debido a las restricciones impuestas a la prensa independiente. Gran parte de la cobertura del Times se realizaba desde el exterior mediante entrevistas con fuentes dentro del país, análisis de imágenes verificadas y seguimiento de redes sociales.
 
Durante su estancia, el periodista asistió a cuatro ceremonias funerarias en distintas ciudades y describió la procesión en Teherán como el momento más impactante.
 
 "La magnitud de la asistencia, la trascendencia del momento, la palpable sensación de historia y el crudo caos del duelo hicieron que presenciarlo fuera extraordinario", relató.
 
Dahir señaló que el funeral reflejó las contradicciones del legado de Jamenei, un líder "venerado por millones", pero cuyo Gobierno también estuvo marcado por "la represión, el encarcelamiento, la tortura, las ejecuciones y el exilio".
 
 Añadió que la figura del ayatolá generaba "profunda veneración para muchos y profundo dolor para otros tantos".
 
Sobre las restricciones para trabajar en territorio iraní, explicó que el equipo estuvo acompañado en todo momento por un traductor y un guía asignados por las autoridades.
 
 Aunque entendían que su acceso estaba limitado a las ceremonias, aseguró que mantuvieron como prioridad su independencia editorial.
 
"Nuestra independencia editorial era innegociable. Documentaríamos lo que viéramos, lo que oyéramos y lo que nos contaran, sin aprobación ni interferencia", afirmó.
 
El periodista detalló que la preparación del viaje ocurrió en cuestión de días. Los visados llegaron a última hora y tuvo que trasladarse rápidamente desde Beirut a la embajada iraní para recoger el suyo.
 
 Además, el equipo tuvo que coordinar vuelos ante posibles cierres del espacio aéreo y organizar la entrada al país desde tres continentes distintos.
 
También tuvieron que definir qué equipo llevar, incluidos teléfonos y computadoras, con apoyo del equipo de seguridad informática del Times para reducir riesgos durante la cobertura.
 
Respecto a los acompañantes designados por las autoridades iraníes, Dahir explicó que la relación fue compleja. Uno de ellos inicialmente solicitaba información detallada sobre sus movimientos, aunque con el paso del tiempo se mostró más relajado.
 
 Otro hablaba inglés con fluidez y dijo contar con un doctorado de una universidad estadounidense; incluso organizó una cena para el equipo en un restaurante de Teherán.
 
Sin embargo, el periodista relató que también les prohibían fotografiar ciertos lugares o acceder a algunas zonas sin explicar los motivos.
 
 "Era una dinámica extraña y a veces surrealista: manteníamos conversaciones normales e incluso interacciones amistosas a sabiendas de que nos estaban vigilando", describió.
 
Sobre el contacto con ciudadanos iraníes, destacó que la población fue amable y curiosa con ellos. Muchas personas se acercaban para preguntar de dónde venían y qué estaban cubriendo, mientras otras aprovechaban para compartir sus opiniones sobre el Presidente Donald Trump y Estados Unidos.
 
Dahir también resaltó la diversidad social que observó, especialmente entre jóvenes de Teherán, con hombres usando ropa menos conservadora y mujeres con cabello teñido o conduciendo motocicletas.
 
 Sin embargo, explicó que casi nadie aceptó ser entrevistado formalmente por temor a posibles consecuencias.
 
En cuanto a la organización de los funerales, señaló que las calles estaban "controladas y preparadas" con un nivel de coordinación superior al de muchas concentraciones públicas.
 
 El Gobierno instaló puntos donde se entregaban banderas, carteles y cintas para la cabeza, lo que generó una imagen uniforme entre los asistentes.
 
El trabajo periodístico también estuvo marcado por las limitaciones tecnológicas. Dahir explicó que durante la mayoría de los eventos no tuvieron acceso a internet, por lo que debían regresar rápidamente al hotel para enviar información y después volver a salir a cubrir las ceremonias.
 
"Con las carreteras cortadas, nuestros zapatos se convirtieron en los héroes anónimos del viaje", relató, al explicar que caminaban constantemente entre los lugares de cobertura y el hotel para poder entregar el material.
 
El corresponsal comparó las dos principales ciudades donde estuvieron, Teherán y Mashhad. Ambas estaban unidas por el duelo, con multitudes vestidas de negro y una fuerte sensación de pérdida, pero con diferencias en el ambiente.
 
En Teherán, explicó, el funeral tuvo un carácter más político, con consignas y llamados a la venganza, mientras que Mashhad tuvo una atmósfera más espiritual debido a las ceremonias realizadas en el santuario del Imam Reza, donde predominaban la oración, el recuerdo y la devoción religiosa.
 
 Dahir, quien previamente ha cubierto conflictos en países como Ruanda, Somalia y Siria, afirmó que aunque su visita fue limitada, las consecuencias de la guerra eran visibles.
 
 Mencionó daños en el Palacio de Golestán, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, así como afectaciones en la Universidad Tecnológica Sharif tras ataques durante el conflicto.
 
 Además, señaló que los iraníes les hablaron sobre el impacto económico de la guerra, que se sumó a problemas previos como bajos salarios y dificultades para encontrar empleo.
 
"Incluso en medio de toda la ceremonia, las multitudes y las demostraciones de poder, se percibía claramente que la vida de muchos iraníes era difícil", indicó.
 
Al concluir su experiencia, el periodista aseguró que lo que más lo sorprendió fue la población iraní, su curiosidad, calidez y orgullo por su historia y cultura.
 
"Los países no pueden reducirse a su política ni a los titulares", afirmó.
 
 "Irán es una nación multifacética, donde se desarrollan innumerables historias, perspectivas y vidas".
 
Dahir concluyó que hubiera querido contar con más tiempo para documentar la complejidad del país más allá de un solo momento histórico marcado por la muerte de su líder supremo y las consecuencias de la guerra.
 
 
 
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