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Y volvió el perro arrepentido…

Tablero político

Dicen que “volvió el perro arrepentido, con el hocico partido y el rabo entre las patas”. El viejo refrán retrata a la perfección la política potosina, donde las convicciones duran lo mismo que una conferencia de prensa y los discursos cambian según sopla el viento electoral.

Hace apenas unos meses, en el PRI juraban que una coalición con el PAN era cosa del pasado. Hablaban de reconstruirse solos, de recuperar su identidad y de no volver a depender de nadie. Hoy, sin embargo, el discurso dio un giro de 180 grados. La alianza vuelve a aparecer como la única tabla de salvación. Al final, cuando las urnas se ven lejanas, sobra la dignidad; cuando el 2027 comienza a asomarse, regresan los viejos amores políticos.

Y es que el fin de semana el Partido Verde les recordó por qué las matemáticas también hacen política. La celebración por los 20 años del movimiento gallardista reunió a decenas de miles de simpatizantes —más de 55 mil,— y dejó una fotografía imposible de ignorar. Más que un aniversario, fue una demostración de estructura, movilización y capacidad territorial rumbo a la próxima elección, mientras se mantiene la meta de alcanzar un millón de afiliados.

Fue entonces cuando comenzaron los nervios. Lo que durante años parecía un movimiento silencioso, de bajo perfil, decidió mostrar músculo. Y, curiosamente, apenas aparecieron las multitudes, la oposición desempolvó el discurso de la “campaña anticipada”. Qué casualidad.

Porque cuando Enrique Galindo recorre municipios, se reúne con liderazgos del PAN y del PRI, construye puentes políticos fuera de la capital o presta maquinaria y camiones recolectores a otros ayuntamientos, eso se presenta como “trabajo institucional”. Pero cuando el Verde convoca miles de personas, entonces sí aparecen las denuncias, las sospechas y los llamados a investigar.

La doble moral tiene uniforme. Galindo insiste en que él no organiza eventos con banderas ni colores partidistas. Tal vez sea cierto. Pero la política no sólo se hace con mítines; también se hace con giras, acuerdos, reuniones estratégicas y posicionamiento permanente. Eso también construye una candidatura, aunque no haya templetes ni porras.

La verdadera preocupación no parece ser la legalidad del evento verde, sino el mensaje que dejó la fotografía. Porque cuando un adversario demuestra capacidad de movilización, deja de ser un rival cómodo y se convierte en una amenaza real.

Y ahí regresó el perro arrepentido. El PRI volvió a tocar la puerta del PAN. El PAN volvió a abrirla. Y quienes ayer criticaban las estrategias ajenas hoy buscan desesperadamente sumar fuerzas para enfrentar a quien, por primera vez en mucho tiempo, les recordó que las elecciones también empiezan con la percepción de quién tiene el respaldo ciudadano.

En política, el miedo rara vez se admite. Pero cuando las alianzas resurgen de la noche a la mañana, quizá no sea por amor… sino porque alguien comenzó a temblar.
 

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