La disponibilidad hospitalaria del país equivale a menos de una cuarta parte del promedio de la OCDE, una brecha que reduce la capacidad para responder ante emergencias y aumentos inesperados de pacientes.
México enfrenta una marcada carencia de infraestructura hospitalaria: dispone de apenas una cama por cada mil habitantes, mientras que el promedio de los países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) es de 4.2 camas.
La cifra, incluida en el informe Panorama de la Salud 2025, coloca al país entre los miembros de la organización con menor disponibilidad de camas hospitalarias, junto con Costa Rica y Suecia. En contraste, naciones como Corea del Sur y Japón superan las 12 camas por cada mil habitantes.
Esto significa que, en términos proporcionales, el promedio del bloque cuenta con más de cuatro veces la capacidad instalada de México. La falta de camas disminuye el margen de respuesta de los hospitales cuando se presentan temporadas de alta demanda, emergencias sanitarias o incrementos repentinos de pacientes que necesitan ser internados.
Para la OCDE, una cama hospitalaria no es únicamente el espacio físico: debe estar instalada, contar con personal y encontrarse inmediatamente disponible para atender a una persona. Por ello, aumentar el número de camas requiere también contratar médicos, enfermeras y personal especializado, además de garantizar medicamentos, equipo y mantenimiento.
El rezago hospitalario forma parte de un problema más amplio. México tiene 2.7 médicos en ejercicio por cada mil habitantes, frente a un promedio de 3.9 en la OCDE. La diferencia es todavía mayor entre el personal de enfermería: el país registra tres enfermeras por cada mil personas, mientras que el promedio internacional es de 9.2.
También existe una amplia brecha en equipamiento. México cuenta con alrededor de 10 tomógrafos, equipos de resonancia magnética y escáneres PET por cada millón de habitantes; el promedio de los países de la OCDE es de 51.
La limitada infraestructura coincide con un menor gasto sanitario. México destina aproximadamente mil 588 dólares por persona a la atención de la salud, ajustados por poder adquisitivo, frente a los casi 5 mil 967 dólares del promedio del organismo. El gasto nacional equivale al 5.9 por ciento del producto interno bruto, por debajo del 9.3 por ciento registrado en el bloque.
La OCDE advierte que una alta ocupación hospitalaria puede ser señal de un sistema bajo presión, debido a que los centros médicos necesitan mantener espacios disponibles para absorber emergencias y aumentos inesperados de pacientes. Aunque tener más camas no soluciona por sí solo las deficiencias de la atención sanitaria, la combinación de poca infraestructura, escasez de personal y bajo financiamiento limita la capacidad de respuesta del sistema mexicano.