San Luis Potosí, SLP.- La prohibición de la venta de comida chatarra en las escuelas de San Luis Potosí comenzó a reflejar cambios en los hábitos alimenticios de las y los estudiantes durante el ciclo escolar que recién concluyó.
De acuerdo con información de la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado (SEGE), los avances más notorios se observan entre las niñas y los niños de menor edad, quienes han incorporado con mayor facilidad el consumo de agua natural y alimentos frescos dentro de los planteles.
Aunque el cambio apenas inicia, la dependencia considera que la estrategia comienza a dar resultados gracias a la participación conjunta de directivos, docentes, proveedores y familias, en un proceso que busca generar hábitos de alimentación más saludables desde la infancia.
Los más pequeños, los primeros en cambiar
La SEGE indicó que los estudiantes de educación inicial y básica han mostrado una rápida adaptación a las nuevas disposiciones alimentarias y comprenden que las modificaciones buscan proteger su salud.
Como parte de esta transición, cada vez es más frecuente observar que dentro de las escuelas se privilegie el consumo de agua simple y alimentos con mayor valor nutricional, un cambio que la dependencia considera fundamental para formar generaciones que reproduzcan estos hábitos en el futuro, tanto en sus hogares como en otros espacios.
La resistencia no está en los alumnos
Contrario a lo que podría suponerse, la dependencia señaló que la principal dificultad para consolidar la estrategia no proviene de las niñas, niños y adolescentes, sino de las costumbres arraigadas en algunos hogares.
Explicó que muchos padres de familia continúan optando por productos ultraprocesados debido a la practicidad, el hábito o la falta de información sobre alternativas más saludables, por lo que se considera indispensable fortalecer el trabajo con las familias para lograr un cambio de mayor alcance.
Cooperativas se adaptan sin afectar su operación
Respecto al impacto económico de la medida, la Secretaría informó que la transición ha sido posible gracias a la disposición de los proveedores y de los Consejos de Administración de las escuelas.
Destacó que algunas empresas modificaron sus productos para ajustarse a los lineamientos del programa federal "Vive saludable, vive feliz", ofreciendo alimentos sin sellos de advertencia y con mejores características nutricionales.
Añadió que cada escuela mantiene la facultad de definir las cuotas que pagan los proveedores por operar en los planteles, buscando conservar el servicio de venta de alimentos sin poner en riesgo la viabilidad económica de quienes abastecen las cooperativas escolares.
Aún no hay mediciones sobre el desempeño escolar
En cuanto a los posibles efectos de la nueva alimentación en el rendimiento académico, la concentración o el estado de ánimo de los estudiantes, la dependencia reconoció que todavía no existe una evaluación estandarizada que permita emitir conclusiones.
No obstante, considera razonable suponer que una mejor alimentación favorece condiciones más adecuadas para el aprendizaje, al contribuir a una mayor claridad mental, mejor capacidad de concentración y un estado físico más favorable para las actividades escolares.
El siguiente desafío está fuera de las escuelas
Para la SEGE, el siguiente paso consiste en extender este cambio de hábitos más allá de los planteles educativos.
Entre los principales retos, identificó fortalecer la participación de madres y padres de familia para modificar las prácticas de alimentación en casa, además de atender la presencia de vendedores ambulantes en las inmediaciones de las escuelas, donde continúan ofreciéndose productos con bajo valor nutricional.
La dependencia también consideró necesario reforzar las campañas de información dirigidas a la población, al señalar que fomentar una alimentación saludable constituye un tema de salud pública que requiere la participación de toda la sociedad.