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Ningún examen puede medir un sueño

Opinión

Miles de jóvenes conocerán un resultado este fin de semana; ninguno de ellos conocerá todavía el verdadero alcance de sus sueños.

Una lista que cambia vidas

Hay momentos que parecen definir una vida. La publicación de los resultados de admisión a una universidad suele sentirse así para miles de jóvenes y sus familias. Después de meses de preparación, cursos, sacrificios y expectativas, llega el día en que una lista parece responder una sola pregunta: ¿qué sigue para mi futuro? Para algunos, el nombre aparecerá entre las y los aceptados y comenzará una etapa llena de ilusiones; para otros, la respuesta no será la esperada y, por unos instantes, parecerá que los sueños se detienen. Sin embargo, la historia demuestra que ningún examen tiene la capacidad de medir el talento, la perseverancia o el potencial de una persona. Lo que realmente define el futuro no es una evaluación de unas cuantas horas, sino la determinación de seguir adelante cuando las circunstancias no son las que imaginábamos.

Este fin de semana, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, junto con otras instituciones de educación superior, dará a conocer los resultados de su proceso de admisión. Será un momento de alegría para muchas familias, pero también de reflexión para quienes deberán buscar una ruta distinta. Ese escenario nos invita a mirar más allá de una lista y preguntarnos si como sociedad estamos construyendo suficientes oportunidades para una generación que desea prepararse, aportar y transformar el país.

El desafío de preparar a una generación

México enfrenta uno de los retos más importantes de las próximas décadas: formar el talento que necesitará una economía cada vez más competitiva y profundamente transformada por la tecnología. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), poco más de una quinta parte de la población mexicana ha concluido estudios de educación superior, mientras que organismos internacionales como la OCDE han señalado la necesidad de ampliar la cobertura educativa y fortalecer la formación de capital humano para impulsar el desarrollo económico y la innovación.

En San Luis Potosí podemos sentirnos orgullosos del esfuerzo que realizan la Universidad Autónoma, la Universidad Politécnica, los Institutos Tecnológicos, las Universidades Tecnológicas, las Escuelas Normales y muchas otras instituciones públicas que, con profesionalismo y compromiso, forman cada año a miles de jóvenes. A ese trabajo se suma también la aportación de universidades privadas que han ampliado la oferta educativa del estado y que hoy representan una alternativa seria para continuar la preparación profesional de quienes desean construir un proyecto de vida. La formación de una generación no depende de una sola institución; es una responsabilidad compartida entre universidades, autoridades, familias y sociedad.

Una puerta no define el destino

Durante mucho tiempo se pensó que el éxito profesional dependía exclusivamente de ingresar a determinada universidad. Hoy esa realidad ha cambiado. El mundo laboral ya no busca únicamente personas con un título bajo el brazo; busca profesionistas capaces de resolver problemas, aprender constantemente, trabajar en equipo, adaptarse a la innovación y enfrentar desafíos que hace apenas unos años ni siquiera existían.

Por ello, un resultado desfavorable nunca debe interpretarse como un fracaso. En realidad, refleja la enorme competencia que existe por espacios limitados y no una falta de capacidad o de talento. Son innumerables las historias de mujeres y hombres que no ingresaron a la universidad que soñaban, pero que encontraron en otro camino la oportunidad de crecer, emprender, especializarse y construir carreras exitosas. La vida rara vez sigue un solo recorrido y, muchas veces, los caminos inesperados terminan conduciendo a los mayores logros.

Más oportunidades para seguir creciendo

Uno de los mayores aprendizajes de los sistemas educativos más exitosos del mundo es que la educación ya no puede entenderse como un proceso que concluye con la obtención de un título universitario. Países como Alemania, Canadá, Finlandia y Australia han construido modelos donde la formación técnica, la educación dual, las certificaciones profesionales y la actualización permanente tienen el mismo valor que una licenciatura tradicional. Lo importante no es únicamente dónde se estudia, sino mantener viva la capacidad de aprender durante toda la vida.

México avanza poco a poco hacia esa realidad. La inteligencia artificial, la automatización y la transformación digital están modificando las profesiones tradicionales y creando nuevas oportunidades. Hoy existen múltiples caminos para prepararse: universidades públicas y privadas, tecnológicos, programas especializados, certificaciones y esquemas que permiten combinar estudio y trabajo. El verdadero desafío ya no consiste únicamente en ingresar a una universidad, sino en mantener una actitud permanente de aprendizaje.

El derecho a seguir preparándose

La educación no representa únicamente una aspiración personal; constituye un derecho humano reconocido por nuestra Constitución. El artículo 3° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece que toda persona tiene derecho a recibir educación y obliga al Estado a promover una enseñanza basada en la excelencia, la inclusión, la equidad y la mejora continua. A su vez, la Ley General de Educación señala que las autoridades deben ampliar progresivamente las oportunidades de acceso, permanencia y conclusión de los distintos niveles educativos, particularmente en la educación superior. Estos principios no solamente respaldan el fortalecimiento de las universidades públicas, sino también la necesidad de construir un sistema educativo más amplio, donde instituciones tecnológicas, universidades privadas, programas de becas y nuevas modalidades de formación contribuyan a que ningún joven vea cancelado su proyecto de vida por falta de oportunidades.

El futuro pertenece a quienes nunca dejan de aprender

Quizá el mayor error que podemos cometer es pensar que el futuro se decide en una sola fecha o frente a un solo examen. La realidad demuestra exactamente lo contrario. Las empresas, las instituciones públicas y el mundo profesional valoran cada vez más a personas capaces de aprender continuamente, reinventarse, adaptarse a la innovación y desarrollar nuevas habilidades conforme evoluciona la tecnología. El conocimiento dejó de ser una meta para convertirse en un proceso permanente.

Por ello, quienes este fin de semana reciban la noticia de haber sido admitidos deben celebrar con humildad y asumir que apenas comienza una nueva etapa de preparación. Y quienes no obtengan el resultado esperado deben recordar que existen otros caminos igualmente valiosos para alcanzar sus metas. Ninguna universidad tiene el monopolio del éxito y ningún examen posee la autoridad para definir el destino de una persona. Lo que verdaderamente transforma una vida no es una calificación, sino la decisión de levantarse una vez más y seguir preparándose.

El camino comienza y hay alternativas

San Luis Potosí cuenta con instituciones de educación superior que durante décadas han sido motivo de orgullo para nuestro estado y que continúan formando generaciones de mujeres y hombres comprometidos con el desarrollo de México. Ese esfuerzo merece nuestro reconocimiento, pero también nos obliga a seguir impulsando políticas públicas que amplíen la cobertura educativa y fortalezcan todas las alternativas de formación profesional disponibles.

Este fin de semana, miles de jóvenes abrirán una página de internet con la esperanza de encontrar su nombre en una lista. Algunos lo harán con una enorme alegría; otros, quizá con una profunda decepción. A todos ellos vale la pena decirles lo mismo: un resultado jamás podrá medir su inteligencia, su esfuerzo ni el tamaño de sus sueños. La vida siempre ofrece nuevas oportunidades para quien decide seguir aprendiendo, perseverar y construir su propio camino.

Porque, al final, ningún examen puede medir un sueño.

Para observar en la semana

El Mundial ha vuelto a demostrar que el deporte posee una extraordinaria capacidad para unir a las y los mexicanos. Durante estos días hemos visto cómo millones de personas dejan de lado diferencias políticas, ideológicas o sociales para compartir una misma emoción alrededor de la Selección Nacional. En tiempos donde la polarización parece ocupar cada vez más espacios de la vida pública, conviene valorar aquellos momentos que fortalecen nuestra identidad y nos recuerdan que los grandes objetivos se alcanzan cuando jugamos en el mismo equipo.

Nos vemos

 

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