Estados Unidos abrió la puerta para que los aviones comerciales vuelvan a superar la velocidad del sonido sobre tierra, siempre que no provoquen el estruendo que frenó esta industria desde los años setenta.
Después de más de cinco décadas de restricciones, el negocio de los vuelos supersónicos empieza a ver una nueva pista de despegue. La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos, la FAA, propuso cambiar la prohibición que impide a los aviones civiles superar Mach 1 sobre territorio estadounidense por una regulación basada en límites de ruido.
La diferencia es clave: ya no se trataría únicamente de impedir que un avión rompa la barrera del sonido, sino de comprobar que puede hacerlo sin generar un boom sónico perceptible o molesto en tierra. La FAA explicó que los avances en ingeniería, materiales, reducción de ruido y nuevas formas de operación permitirían eventualmente retirar la restricción impuesta desde los años setenta.
La medida aún está en proceso. De acuerdo con la autoridad aérea, las reglas finales podrían quedar listas hacia mediados de 2027. Además, la propuesta inicial permitiría vuelos supersónicos sobre tierra bajo condiciones específicas, especialmente a velocidades bajas dentro del rango supersónico, mientras se definen otros estándares relacionados con el ruido durante despegues y aterrizajes.
Este cambio regulatorio abre una oportunidad para empresas que han apostado por revivir el sueño del Concorde, pero con tecnología más silenciosa. Una de las más visibles es Boom Supersonic, que desarrolla el avión Overture, diseñado para transportar entre 64 y 80 pasajeros a Mach 1.7, casi el doble de la velocidad de los aviones comerciales actuales.
El interés de las aerolíneas ya existe. Boom reporta una cartera de 130 pedidos y prepedidos de Overture por parte de American Airlines, United Airlines y Japan Airlines. American Airlines, por ejemplo, anunció en 2022 un acuerdo para comprar hasta 20 aviones, con opción a 40 más, aunque las entregas dependerán de que la aeronave cumpla requisitos operativos, de seguridad y desempeño.
Para la industria, el posible regreso del vuelo supersónico no solo representa una innovación tecnológica, sino una apuesta comercial por el pasajero dispuesto a pagar más por llegar antes. El segmento premium, especialmente en rutas largas, podría convertirse en el primer mercado natural para estos aviones.
Sin embargo, el reto sigue siendo enorme. La promesa no es únicamente volar más rápido, sino hacerlo sin repetir los problemas que condenaron al Concorde: ruido, altos costos de operación, restricciones regulatorias y una rentabilidad limitada. Por ahora, el mensaje es claro: el vuelo supersónico vuelve a estar sobre la mesa, pero su despegue comercial dependerá de que la velocidad no se escuche desde el suelo.