Opinión
La alternancia pendiente para construir un deporte más fuerte
Durante décadas, México ha discutido la importancia de la democracia, la alternancia, la transparencia y la rendición de cuentas en prácticamente todos los espacios de la vida pública. Hemos impulsado reformas para fortalecer las instituciones, limitar la concentración del poder y garantizar que las decisiones respondan al interés colectivo. Sin embargo, existe un ámbito donde esa conversación apenas comienza y donde, paradójicamente, pareciera que el tiempo se detuvo: el deporte organizado.
En numerosas disciplinas deportivas del país (y particularmente en algunos casos de San Luis Potosí) existen dirigencias que han permanecido durante quince, veinte o incluso más años al frente de asociaciones y organismos deportivos. No se trata de cuestionar personas en particular ni de descalificar trayectorias construidas durante décadas. El verdadero debate debe centrarse en el modelo institucional que ha permitido que la renovación de liderazgos sea la excepción y no la regla.
Porque el deporte, cuya esencia es precisamente la competencia, la superación y el relevo generacional, difícilmente puede evolucionar cuando sus estructuras permanecen inmóviles durante tanto tiempo.
El problema no siempre es el presupuesto
Con frecuencia se afirma que el deporte mexicano no alcanza mejores resultados por falta de recursos públicos. Sin embargo, esa afirmación merece un análisis más profundo.
En los últimos años, tanto el Gobierno de México como los gobiernos estatales y municipales han realizado importantes inversiones en infraestructura deportiva, becas, apoyos para competencias nacionales e internacionales, rehabilitación de espacios públicos y programas de activación física. En San Luis Potosí también se han destinado recursos importantes para fortalecer diversas disciplinas y respaldar a atletas que representan con orgullo a nuestro estado.
Sería injusto desconocer esos esfuerzos.
El verdadero reto no parece encontrarse únicamente en cuánto dinero se destina al deporte, sino en cómo se administra, cómo se distribuye y, sobre todo, en qué medida logra llegar oportunamente a quienes verdaderamente representan la razón de existir de todo el sistema: las y los deportistas.
En muchas ocasiones, el apoyo público debe recorrer un largo camino institucional antes de llegar al atleta. Gobierno, institutos, asociaciones, clubes y distintos niveles administrativos conforman un proceso que, si no se encuentra debidamente regulado y supervisado, puede convertirse en un embudo donde la eficiencia termina perdiéndose.
El deportista debería ser siempre el punto de partida y también el punto de llegada de toda política pública deportiva.
Los verdaderos patrocinadores del deporte mexicano
Existe además un actor que pocas veces recibe el reconocimiento que merece.
Las madres y los padres de familia.
Son ellos quienes, en miles de hogares mexicanos, financian uniformes, inscripciones, traslados, hospedajes, alimentación especializada, equipo deportivo, fisioterapia, atención médica y largas jornadas acompañando entrenamientos y competencias.
Mientras muchos atletas juveniles representan con orgullo a su estado o a su país, detrás de cada medalla existe una familia que hizo sacrificios económicos importantes para mantener vivo ese sueño.
Ellos son, probablemente, los principales patrocinadores del deporte mexicano, por ello, cualquier modelo de desarrollo deportivo que aspire a ser exitoso debe reconocer a las familias como aliadas estratégicas y construir mecanismos que reduzcan la carga económica que hoy enfrentan.
Cuando las instituciones dejan de competir
La alternancia no fortalece únicamente a los gobiernos, también fortalece a las instituciones deportivas.
Una dirigencia que permanece durante demasiados años corre el riesgo natural de perder capacidad de innovación, limitar la incorporación de nuevas generaciones, concentrar decisiones y alejarse de las necesidades actuales de quienes practican diariamente cada disciplina.
No se trata de afirmar que la permanencia prolongada implique necesariamente malas prácticas, se trata de reconocer que toda institución democrática necesita renovación periódica para evitar el desgaste, incorporar nuevas ideas y fortalecer su legitimidad.
El deporte enseña que nadie gana para siempre.
Resulta paradójico que algunas de sus propias estructuras parezcan olvidar esa lección.
El dato jurídico: el deporte también exige transparencia
La Ley General de Cultura Física y Deporte establece que el Sistema Nacional de Cultura Física y Deporte debe regirse bajo principios de legalidad, transparencia, coordinación, eficiencia y participación de los distintos actores involucrados en el desarrollo deportivo.
En el mismo sentido, la Ley de Cultura Física y Deporte del Estado de San Luis Potosí reconoce que las asociaciones deportivas forman parte del Sistema Estatal del Deporte y desempeñan funciones de interés público en la promoción, organización y desarrollo de sus respectivas disciplinas.
Si estas organizaciones participan en la administración de recursos públicos, representan oficialmente a una disciplina y forman parte del sistema deportivo estatal y nacional, resulta plenamente legítimo exigir procesos transparentes de elección, mecanismos efectivos de rendición de cuentas, padrones claros de afiliación y una administración abierta a la evaluación permanente.
La transparencia no debilita al deporte. lo fortalece.
Lo que hacen las potencias deportivas
Australia, a través del AustralianInstitute of Sport, ha construido uno de los modelos deportivos más exitosos del mundo gracias a una planeación estratégica, evaluación constante y apoyos dirigidos directamente al desarrollo del atleta.
En el Reino Unido, UK Sport distribuye recursos con base en resultados medibles, proyectos técnicos y mecanismos permanentes de evaluación, En Estados Unidos, el desarrollo deportivo descansa principalmente en universidades, clubes y ligas altamente profesionalizadas, donde la competencia institucional es permanente y la renovación forma parte natural del sistema.
En México también existen ejemplos que vale la pena observar.
Jalisco ha logrado consolidarse durante años como la principal potencia deportiva nacional gracias a una combinación de planeación, infraestructura, profesionalización, coordinación institucional y seguimiento permanente al talento deportivo.
Ello demuestra que los resultados no dependen exclusivamente del presupuesto, dependen, sobre todo, de la calidad de las instituciones que administran ese presupuesto.
La alternancia también fortalece al deporte
El futuro del deporte mexicano no depende únicamente de construir más unidades deportivas o incrementar los presupuestos públicos, depende de fortalecer la gobernanza deportiva.
Necesitamos asociaciones más abiertas, procesos democráticos confiables, renovación periódica de liderazgos, participación efectiva de atletas en la toma de decisiones, mecanismos claros de transparencia y una vinculación mucho más sólida con universidades, iniciativa privada y sociedad civil.
El deporte moderno ya no puede construirse únicamente desde una oficina, debe construirse escuchando permanentemente a quienes entrenan todos los días, conocen las necesidades reales de cada disciplina y enfrentan los desafíos cotidianos de la alta competencia.
La renovación institucional no debe entenderse como una amenaza, debe asumirse como una oportunidad para crecer.
Nuestro Estado puede ser potencia
San Luis Potosí ha demostrado una y otra vez que posee deportistas extraordinarios., nuestros atletas han conseguido medallas nacionales, internacionales y representaciones que llenan de orgullo a nuestro estado. Ese talento existe y merece ser respaldado.
Precisamente por respeto a esos logros, ha llegado el momento de abrir una conversación seria sobre el futuro de nuestras instituciones deportivas.
Las asociaciones no deben convertirse en espacios de permanencia indefinida, deben convertirse en plataformas para impulsar generaciones cada vez más exitosas.
Porque el patrimonio más importante del deporte no son los cargos, no son las asociaciones, no son las dirigencias.el verdadero patrimonio del deporte mexicano son las niñas, niños, jóvenes y adultos que todos los días entrenan con disciplina, sacrificio y esperanza.
Ellos son quienes merecen que cada peso invertido llegue oportunamente, ellos son quienes merecen instituciones modernas, transparentes y abiertas y ellos son quienes nos recuerdan que el deporte, como la democracia, también necesita alternancia para seguir creciendo.
Para observar en la semana
Los recientes resultados de la Selección Nacional han devuelto un ánimo de unidad, entusiasmo y orgullo entre millones de mexicanas y mexicanos. El deporte, una vez más, demuestra su capacidad para unir a una sociedad más allá de diferencias políticas, sociales o económicas.
Sin embargo, ese entusiasmo también debe reflejarse en nuestra conducta como ciudadanos. Los grandes eventos deportivos ponen a prueba no solamente la capacidad organizativa de un país, sino también su cultura cívica. El respeto por los espacios públicos, la limpieza, la convivencia pacífica y el cumplimiento de las normas forman parte de la imagen que proyectamos al mundo.
Países como Japón han dado ejemplo al convertir el orden, la limpieza y el respeto colectivo en una auténtica carta de presentación internacional. De igual forma, en muchas ciudades de Estados Unidos y Europa el cumplimiento de las reglas de convivencia durante eventos masivos constituye una responsabilidad compartida entre autoridades y ciudadanos.
México tiene hoy una extraordinaria oportunidad para demostrar que también puede destacar por su cultura cívica. El verdadero triunfo no será únicamente el resultado que obtenga la Selección Nacional, sino la capacidad de la sociedad para demostrar que el respeto, la educación y la convivencia también forman parte de nuestra identidad como país.
Nos vemos y que gane México.