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Celebración agridulce

Ajedrez Político

Hay algo que este Mundial 2026 le recordó a México, cuando un mexicano decide creer, no hay fronteras ni diferencias que lo separen. Lo vimos en las calles, en las casas, en las oficinas y hasta en quienes juran que no les gusta el futbol. Por unas horas desaparecieron colores partidistas, discusiones, etiquetas y apareció algo más poderoso, la sensación de pertenecer a algo.
 
Y es que el mexicano celebra distinto. Mientras otros festejan una victoria, aquí se convierte en ritual; se abraza al desconocido, se comparte la mesa, se grita desde una ventana y una ciudad entera termina sintiéndose familia. El mexicano hace fiesta hasta con el dolor y encuentra pretextos para levantarse incluso cuando la realidad pesa demasiado. Esa es nuestra grandeza y también nuestra contradicción.
 
Esta selección dejó una lección incómoda, cuando hay unión, disciplina y un objetivo común, las cosas sí cambian. Demostró que cuando se quiere, se puede. Y entonces surge mi pregunta, si somos capaces de unir estados, familias y generaciones por once jugadores, ¿por qué no hacemos lo mismo por las heridas que cargamos como país?
 
Porque mientras celebramos, la otra cara de la moneda sigue ahí.
 
Mientras las autoridades despliegan miles de elementos, operativos y recursos para proteger la fiesta mundialista, las madres buscadoras siguen escuchando que no hay personal suficiente, que no hay recursos o que los procesos tardarán meses. México carga hoy una herida de casi 135 mil personas desaparecidas y solamente en lo que va de 2026 se han sumado casi 12 mil reportes más. Detrás de esas cifras hay madres buscando entre tierra y fosas lo que el Estado no ha encontrado.
 
Y tampoco podemos romantizarlo todo. El futbol no es el problema; el problema es cuando la euforia se convierte en violencia. Ninguna mujer debería esperar que México pierda para dormir tranquila. Ningún niño debería temer que un gol desate golpes en casa.
 
Qué orgullo ser mexicanos. Qué tristeza no ser igual de unidos para lo verdaderamente urgente.
 
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