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La fórmula de 3 pasos para dar calma en la incertidumbre

Cuando no hay respuestas claras, la mente suele llenarse de escenarios negativos. Especialistas recomiendan validar la emoción, ordenar lo que sí se puede controlar y dar un siguiente paso concreto.

La incertidumbre puede sentirse como una pausa incómoda: no hay certezas, no hay respuestas completas y, muchas veces, tampoco hay una fecha clara para que todo se resuelva. En esos momentos, pedirle a alguien que “se calme” rara vez funciona. Lo que sí puede ayudar es acompañar con estructura.

De acuerdo con la Asociación Americana de Psicología, la incertidumbre suele aumentar el estrés porque lleva a las personas a imaginar posibles escenarios y a intentar controlar lo que todavía no tiene solución. Entre sus recomendaciones están limitar la exposición constante a noticias, enfocarse en lo que sí depende de uno y recordar experiencias pasadas en las que se superaron momentos difíciles.

La fórmula puede resumirse en tres pasos: nombrar, aterrizar y avanzar.

El primer paso es nombrar lo que está pasando. En vez de minimizar con frases como “no te preocupes” o “todo va a estar bien”, conviene validar la emoción: “entiendo que esto te angustie”, “es normal sentirse así cuando no hay claridad” o “no necesitas resolver todo en este momento”. Nombrar la emoción ayuda a bajar la intensidad, porque la persona deja de sentirse sola o exagerada.

El segundo paso es aterrizar la situación. Esto significa separar lo que se sabe, lo que no se sabe y lo que sí se puede hacer. La Organización Mundial de la Salud recomienda, en momentos de estrés, regresar la atención al presente y reconectar con acciones pequeñas y manejables, en lugar de quedarse atrapados en pensamientos repetitivos sobre el futuro.

El tercer paso es avanzar con una acción concreta. No tiene que ser una gran solución; puede ser hacer una llamada, revisar información confiable una sola vez al día, descansar, escribir una lista de pendientes o pedir apoyo. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades también recomiendan respirar profundamente, tomar pausas de noticias y redes sociales, mantener rutinas saludables y conectar con otras personas para manejar el estrés.

La calma no siempre llega porque el problema desaparece. Muchas veces aparece cuando alguien siente que no tiene que enfrentar la incertidumbre solo y que, aunque no pueda controlar todo, todavía hay algo pequeño que sí puede hacer.

Por eso, ante una crisis personal, familiar o laboral, la frase clave no es “tranquilo, no pasa nada”, sino: “esto es difícil, vamos por partes y demos el siguiente paso”.

Si la preocupación se vuelve constante, afecta el sueño, la alimentación, el trabajo o la vida diaria, lo recomendable es buscar apoyo profesional. Pedir ayuda también es una forma de recuperar estabilidad.

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