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El rechazo de Morena a Zumaya

Detrás del Telón

La ruta de Gerardo Sánchez Zumaya hacia la candidatura de la Cuarta Transformación en San Luis Potosí para 2027 sufrió un revés contundente. El empresario huasteco, identificado también con Tabasco, buscó posicionarse como uno de los principales perfiles del movimiento, pero Morena le cerró la puerta de manera inequívoca. El mensaje político fue claro: quedó aislado, sin respaldo de la dirigencia nacional ni de las figuras relevantes del partido.

Como lo señalaron columnas de diarios nacionales como Reforma, las dos mujeres con mayor peso en la estructura de Morena, Ariadna Montiel y Citlalli Hernández, abandonaron el hotel donde se realizaban los registros justo cuando llegó Sánchez Zumaya. El gesto fue interpretado como un desaire deliberado. De acuerdo con esas publicaciones, el empresario "ha sido señalado por presunto lavado de dinero y contratos irregulares con Pemex, además de enfrentar expedientes en la Fiscalía General de la República que podrían frustrar sus aspiraciones políticas".

Desde hace varios meses, Zumaya había manifestado públicamente su intención de competir por la coordinación estatal rumbo a la sucesión de 2027. Sin embargo, al final únicamente pudo formalizar su inscripción a través del Partido del Trabajo, el aliado más pequeño de la coalición gobernante y con una presencia política limitada en San Luis Potosí.

El desenlace confirmó las dudas que existían al interior de Morena respecto a su incorporación. La dirigencia estatal, encabezada por Rita Ozalia Rodríguez, había sostenido que su militancia no estaba formalmente acreditada y que cualquier eventual registro estaría sujeto a la revisión de los órganos internos del partido.

Todo apunta a que el veto provino de las más altas esferas del movimiento. La presidenta Claudia Sheinbaum ha insistido en establecer filtros para impedir que personas con señalamientos por presuntas conductas irregulares o con antecedentes que puedan afectar la imagen del partido accedan a candidaturas o posiciones de representación.

Los hechos hablan por sí mismos. Sánchez Zumaya no fue aceptado como militante de Morena y mucho menos como aspirante a coordinar los trabajos del partido en San Luis Potosí. Pese a los esfuerzos de sus simpatizantes y asesores por minimizar, justificar o negar lo ocurrido, la realidad política es que su única alternativa terminó siendo el Partido del Trabajo, un instituto político de escaso peso electoral en la entidad.

La lección es evidente. No basta con proclamarse cercano a la Cuarta Transformación ni con emprender campañas anticipadas de posicionamiento invirtiendo millones de pesos en redes sociales, repartiendo apoyos o reclutando influencers. En Morena siguen siendo determinantes el respaldo de la dirigencia, de las estructuras y de las bases. Y, en esta ocasión, la respuesta para Gerardo Sánchez Zumaya fue un rotundo no.

 

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