Amor que no duele, no es amor; si acaso,es placer, o necesidad, pero no verdadero amor.
El amor duele, cuando hay que dejar lo que se quiere,por la persona ala que se ama.
Cuando hablamos de sacrificio, también se habla de cruz. Y ésta, es una renuncia.
La cruz, llega cuando tenemos que dejar algo bueno, con tal de no perder lo grandioso.
Pero, el hombre trata deevadir la cruz, y disfrutar el placer; pensando que ahí, podrá encontrarla dicha
Pero, la auténtica dicha, es paz; y el placer, no siempre aporta ese don.
En estos tiempos, cuesta trabajo,pensar en cargar una cruz,aunqueésta sea por amor.
Cruz, no significa sufrimiento, es más bien opción por algo mejor; aunque para eso, tengamos que renunciar, a lo que pensamos que es nuestro bien.
Hoy nos dice el Señor: “…y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mi”. (Mt.10).
Es decir, el que no asume su propia cruz, no es digno de ser dichoso.
Y, para eso, es preciso saber, cuál es la cruz que nos tocacargar.
Porque, a veces cargamos cruces que no son para nosotros.
Para así,quejarnos de lo pesado de nuestra vida. Y todo, porque venimos cargando una cruz que no nos toca.
También, hay que considerar, a quien le estamos dando todo el amor.
Porque, al amar de más, a quien no debemos, acabamos perdiendo.
Por eso, dice el Señor: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí…”. (Mt, 10).
Cuántas penas nos pudimos evitar, si hubiéramos amado con medida; dándole solo a Dios, un amor desmedido.
El que ama al Señor con todo su ser, jamás perderá al ser amado.
Como dijo San Agustín: a Dios, nadie lo pierde sino aquel que lo abandona.
Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.
EVANGELIO
Del santo Evangelio según san Mateo 8, 1-4
En aquel tiempo, cuando Jesús bajó de la montaña, lo iba siguiendo una gran multitud. De pronto se le acercó un leproso, se postró ante él y le dijo: “Señor, si quieres, puedes curarme”. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciéndole: “Sí quiero, queda curado”.
Inmediatamente quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: “No le vayas a contar esto a nadie. Pero ve ahora a presentarte al sacerdote y lleva la ofrenda prescrita por Moisés para probar tu curación”. Palabra del Señor.
REFLEXIÓN: Precedida de un breve diálogo, que expresa la fe del leproso, el evangelio relata el primero de los diez milagros que tienen lugar «al bajar Jesús del monte» (Cfr. Caps. 8 y 9 del evangelio de san Mateo). Él –como nuevo legislador, superior a Moisés– es poderoso no sólo en «palabras» sino, sobre todo, en los «hechos». Jesús realizar obras admirables en favor de los pobres y de los necesitados, a quienes reiteradamente pide discreción. Así unió Él “evangelización” y “liberación” humana, como signos de la eficacia salvadora del Reino de Dios, presente ya en su persona.