Amigas y amigos de Plano Informativo, vivimos tiempos complejos. La conversación pública, en muchos espacios, suele estar marcada por la preocupación, la incertidumbre y el desencanto. Es fácil encontrar motivos para el pesimismo, porque las malas noticias tienen un peso natural mayor en nuestra atención cotidiana. Por eso, en medio de este contexto, también es importante detenernos a reconocer cuando existen señales positivas. Esta semana, el INEGI le tomó el pulso a la economía del país a través del Indicador Global de la Actividad Económica.
El resultado arroja un crecimiento mensual del 1.2 por ciento durante abril. Más allá del porcentaje frío, el dato cobra relevancia por su constancia, con este resultado, el país hila tres meses consecutivos con una tendencia al alza.
Si desglosamos la cifra, encontramos el motor de este avance en la actividad industrial, impulsada fuertemente por la construcción y la minería, la cual registró un repunte del 2.1 por ciento.
Por su parte, el sector del comercio y los servicios, ese que mide el termómetro del consumo diario, avanzó un 0.7 por ciento. Es verdad que el sector agropecuario registró un tropiezo con una caída del 0.4 por ciento, lo que nos recuerda la fragilidad de ciertos sectores. Sin embargo, el mensaje de fondo se mantiene, la actividad económica en México mostró un avance real.
Estas cifras, alentadoras por sí mismas, hoy nos permiten ver el panorama con un cristal distinto. Nos demuestran que, más allá del ruido mediático, el Gobierno de la República sigue trabajando en la articulación de esfuerzos que sostienen la marcha productiva del país. No estamos ante un chispazo fortuito, sino ante el reflejo de políticas y condiciones que permiten mantener la maquinaria activa.
Y aunque es innegable que México ha atravesado por un proceso de profunda polarización, lo correcto en este momento, lo verdaderamente maduro como sociedad, es tratar de mirar más allá de las filias y de las fobias que congelan el debate. Cuando los números oficiales nos hablan de un crecimiento sostenido, es síntoma de que, en el terreno de los hechos, nuestra sociedad sí está experimentando mejoras graduales en su dinámica comercial y de empleo. Ignorar estos datos por militancia o descalificarlos por sistema solo estrecha nuestra visión.
Por supuesto, ser responsables en su interpretación nos obliga a mantener los pies en la tierra. Un solo trimestre no resuelve los retos estructurales que enfrentamos como nación. No desaparecen de un día para otro las dificultades económicas que viven muchas familias, ni se disuelven en automático los desafíos pendientes en materia de ingreso o bienestar. Pero el movimiento está ahí. Y ese movimiento no es abstracto.
Detrás de cada indicador existen personas. Hay trabajadores que salen temprano de casa para cumplir con su jornada. Hay emprendedores que mantienen abierto su negocio con esfuerzo diario. Hay familias que administran con cuidado cada recurso para salir adelante. Hay jóvenes que estudian y trabajan al mismo tiempo para construir un mejor futuro.
Porque la economía no es solo una cifra en un reporte. Es el resultado del trabajo cotidiano de millones de mexicanas y mexicanos, cobijado por un entorno que busca dar viabilidad a sus esfuerzos. Por eso considero importante reconocer este tipo de noticias. No para caer en triunfalismos estériles ni para ignorar las deudas que aún persisten, sino para tener la honestidad de registrar la realidad completa.
Falta mucho por hacer, sin duda. Las familias que estiran el ingreso lo saben mejor que nadie. Pero el engranaje sigue girando y avanzando. Los países no se construyen con discursos únicamente críticos ni con optimismos ciegos; avanzan cuando somos capaces de reconocer el camino transitado, valorar el esfuerzo institucional y seguir exigiendo sobre terreno firme.
Hoy tenemos una buena señal. Toca seguir construyendo sobre ella.
De corazón, gracias por su lectura.