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Periodismo con olor a potosinazo

Opinión.

Quienes no conocen a un potosino, esta condenado a no entrar en esta sociedad, sin referirnos aquella, que por años supo construir un patrimonio económico importante, un círculo social alto, si no a la sociedad que construyó los cimientos para formar una colectividad muy peculiar. Lo vemos en la historia, aguerridos, desconfiados, inconquistables, así los pobladores de esta parte del estado de San Luis Potosí, nuestros ancestros, los pobladores originarios, los guachichiles. Asentados en la parte árida del estado, obsesionados por sus tierras, los “gorriones”, impedían todo trato con los conquistadores, porque sabían bien que serían saqueados y aniquilados. 
 
Apostados en Matehuala, que en traducción significa “no vengan”, el llamado de guerra ante la intromisión española del siglo XVI, de esta manera y desde antaño, con la invasión norteamericana, Antonio López de Santa Anna, formo un ejército de potosinos, para defender al país, de ahí surgió el título de honor “San Luis de la patria”, posteriormente la intervención francesa, nos convertimos en la capital del país y el presidente Juárez los renombró de igual manera. 
 
Fundamentales en el proceso post leyes de Reforma, la industrialización del porfiriato con su red ferroviaria, hubo una modernización industrial acelerada, minera, manufacturas, textilería, cervecera, licorera; Con la revolución mexicana, San Luis Potosí se convirtió en el eje central de la ideología revolucionaria; el Club Liberal Ponciano Arriaga, el manifiesto de Francisco I Madero donde comienza a redactarlo, y finalizarlo el 5 de octubre en Texas. 
 
De esta forma y muchos años de lucha, los potosinos hemos afrontado la diversidad. 
Hospedamos a foráneos, bien intencionados, también sabemos conocer sus secretos y malas intenciones, cuando esto sucede, normalmente son invitados de las cúpulas gubernamentales o grandes industriales, algunos echan raíces, otros hacen sus… digamos… fechorías y se marchan, probablemente de este comportamiento nace el famoso desdén entre potosinos nacidos y adquiridos… el potosinazo, te veo, no saludo, porque me avergüenzas.   
 
Después de un poco de historia, hoy vivimos esta realidad, altos funcionarios del ayuntamiento de la capital, del Gobierno del Estado, fueron “invitados” para realizar tareas administrativas o de asesores directos del ejecutivo, seguramente reciben bonos de “productividad” con gastos adicionales al erario público, tal vez los miserables 100mil pesos no les alcance para una renta digna… hay que ver dijo un potosino.
 
Que dice Héctor Serrano el diputado fuereño en su obligada réplica forzada, que él solo busca una regulación del uso de la Inteligencia Artificial, para que nadie se burle de las personas, mucho menos de la autoridad, que lo imiten sin consentimiento, ¡válgame Dios! Quien quisiera imitarlo, que genere desinformación y alarma social, pero si alguien hozare y llegase a realizarlo sin más, tendrá la cárcel por seis años o más.
 
 En este mundo tan atroz, la prensa siempre ha sido perseguida, en algunos lugares es prácticamente clandestina. Las constituciones de muchos países plasman el derecho a la información y a la libre expresión como su principal artículo, porque todo individuo tiene el derecho de inconformarse y hacer crítica de las autoridades que se eligieron; todo parece perfecto, pero aun en estos momentos, no se encuentra el punto exacto legal para regular el uso de IA a nivel mundial, pero  aquí el señor Serrano, con el apoyo de los diputados siempre controvertidos del Verde, levantaron la mano para aprobarla y castigar al primero que se les ponga en frente, y si, dos mujeres y un camino, que conducen al edil potosino, fueron las victimas de esta ley absurda. 
 
Imaginemos al diputado plurinominal Serrano, caricaturizado en el periódico en contra de Porfirio Díaz, “El Hijo del Ahuizote”, los mandaría fusilar, perseguir, hasta no verlos arrepentidos.
 
En días pasados se produjo una esperada manifestación, por las calles “bien” pavimentadas del centro histórico potosino; marcharon entre gritos y reclamos, los desempleados corridos del gobierno del estado, taxistas y autobuseros exigiendo…quien sabe que, madres buscadoras desesperadas tratando de encontrar ayuda para localizar a sus hijos, algún colado, asesora personal del alcalde capitalino y un montón de comunicadores, periodistas, que fueron quienes hicieron más ruido, convirtieron su enojo por la ley Serrano en trifulca con los diputados locales, tumbaron la puerta para hacerse escuchar, pero a falta de interlocutor, solo les mandaron agua para la cruda, ya que una diputada del Verde los acusó de estar alcoholizados, drogados, frenéticos… eso sí, sin prueba alguna. De los manifestantes nada se supo, cada quien con su cuento.  
 
Es de lamentar que una ley tan controvertida nacional e internacionalmente, no sea puesta en una mesa de diálogo, por quienes se dicen representantes del pueblo, los diputados del Verde tenían que ser, les dieron el potosinazo, de quienes se sirven.
  
El alcalde “garantizado” y el gobernador “al límite”, mantienen una marabunta de comunicadores en redes sociales, cada uno con su respectiva indicación. Portales de noticias que reciben una mensualidad, pero los seguidores y lectores son muy pero muy escasos, por ello el obligado like. Sin contenido desarrollado de manera profesional, pero en sus mensajes, todo es maravilla, sin embargo, los problemas siguen sin resolverse. 
 
La sociedad entre dos frentes opuestos que han institucionalizado la banalización de la comunicación, cada uno presta atención a sus intereses políticos convirtiéndose en patrocinadores oficiales. El que manda paga.
 
Es claro que la ley Serrano atenta contra la libertad de expresión, pero también la comunicación gubernamental a prostituido la seriedad de los asuntos colectivos, pues cada uno expone sus criterios de gobernanza, solo para encubrir errores, que parecen muchos más que los aciertos. 
 
De un lado y de otro provocan rivalidad profesional periodística, a quien creerle si cada uno paga para mantener su imagen de buen gobernante, se paga para alabar, y a quienes ejercen su independencia profesional, se les somete a un escrutinio severo, sin sentido, arrogante, prepotente, castigador, de quienes se dicen demócratas.   
 
Parece que, entre profesionales de la comunicación, ya no se reconocerán, alentando el potosinazo.       
Nos saludamos pronto.
 
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