Cada 24 de junio, Día de San Juan, inicia en comunidades de la Huasteca la siembra tradicional de la flor de muerto, símbolo que marca la cuenta regresiva para Todos Santos.
El aroma del cempasúchil comienza a escribirse mucho antes de octubre. Cada 24 de junio, durante el Día de San Juan, familias campesinas y productores de la Huasteca inician la siembra de esta flor emblemática, considerada una de las señales más esperadas de que el Xantolo está por llegar.
Conocida también como cempoalxóchitl, palabra de origen náhuatl asociada a la “flor de veinte pétalos”, esta planta destaca por su intenso color naranja y su aroma particular, elementos que la han convertido en parte esencial de los altares y ofrendas de Todos Santos.
De acuerdo con la tradición, sus pétalos iluminan el camino de las almas y guían a los seres queridos de regreso a casa durante los días dedicados a la memoria, la familia y el encuentro entre vivos y muertos.
La flor suele cosecharse a finales de octubre, justo a tiempo para adornar tumbas, caminos, arcos y altares durante el 31 de octubre, 1 y 2 de noviembre, fechas en las que el Xantolo llena de música, danzas, comida, rezos y color a las comunidades huastecas.
Así, la siembra del cempasúchil no solo representa el inicio de un ciclo agrícola, sino también el comienzo emocional de una de las celebraciones más profundas y hermosas de México: la fiesta en la que la memoria florece y los que se fueron vuelven a sentirse cerca.