Tablero político
La política tiene una regla no escrita, quien enciende la mecha debe quedarse a enfrentar el humo. Pero esta semana, en el Congreso del Estado ocurrió exactamente lo contrario. Héctor Serrano impulsó una iniciativa que ya venía generando tensión, cuestionamientos y rechazo entre distintos sectores; sin embargo, cuando la presión comenzó a golpear las puertas del recinto legislativo, el principal protagonista salió por la puerta trasera del escenario político y dejó a otros cargando una obra que él mismo escribió.
La llamada “Ley Serrano” terminó convirtiéndose en un incendio político y su autor no estuvo para sostener la manguera.
La imagen fue casi metafórica, afuera, gritos, consignas, reclamos, golpes a las instalaciones y un ambiente cargado de tensión; adentro, una silla vacía. Porque mientras diversos actores encabezaban la movilización —Natalia Castillo, Guadalupe Almaguer Pardo, Gisella Serroque Ávila y Dante Alán Carreón Sandoval—, quienes terminaron absorbiendo el desgaste y atendiendo el enojo fueron otros diputados, Sara Rocha, Cuauhtli Badillo, Carlos Arreola y Jessica Gabriela.
Ellos terminaron haciendo guardia en un frente que ni siquiera les pertenecía.
Y aquí está el problema de fondo, una ley no se defiende únicamente desde una silla, tampoco mediante comunicados ni discursos calculados. Impulsar una iniciativa significa asumir el costo político de ella; significa sentarse frente a quienes están inconformes, escuchar, debatir y responder. Significa dar la cara.
Porque si un político aparece para presentar una propuesta pero desaparece cuando llegan las preguntas, entonces deja de parecer un impulsor y comienza a parecer un espectador de su propia crisis.
Serrano puso en aprietos al Congreso del Estado y dejó a otros pagando una factura que llevaba su nombre. Porque al final la ausencia también comunica, y a veces comunica más que cien declaraciones.
Y esta vez el mensaje parece claro, cuando el mar comenzó a agitarse, el capitán dejó el barco y los marineros se quedaron solos tratando de contener la tormenta.