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La Degradación de la comunicación digital 2

De pasadita.

A partir de lo complejo en el análisis del tema de la degradación de la comunicación digital, hemos generado esta segunda parte, para completar esta reflexión que da para muchas más entregas y valoraciones, por su importancia en la actualidad.
 
Como lo comentamos anteriormente la llegada de las computadoras en los 80s y el internet en los 90s, así como los teléfonos inteligentes en el 2000, que se incorporan a nuestra vida no solamente como herramientas generosas, si no como un instrumento poderosísimo, que todos llevamos en nuestras manos.
 
Todo esto en la búsqueda del beneficio en la calidad de vida de las personas. 
Para quienes nacimos antes de 2000 estas herramientas suponen una gran ayuda, pues experimentamos como era el antes y el después.
 
El trabajo antes de la tecnología, la diversión antes de la tecnología, así como las relaciones sociales, personales y familiares, antes de la tecnología.
Y con un gran bono de agradecimiento las usamos para mejorar nuestras vidas.
Los valores entendidos que llevan a incluir este “avance tecnológico” son bien recibidos, con la gran diferencia que celebramos y agradecemos por el sentido de haber evolucionado a una mejora.
 
Pero para las generaciones posteriores al año 2000, la historia es diferentes.
Ellos llegan con una plataforma que les exige y les facilita que todo sea más rápido.
 
Para estas generaciones la tecnología es el punto de partida para una mayor exigencia, quieren que a partir de lo que existe, las nuevas experiencias y satisfactores sean aún más rápidos, situación que pierde el valor de las cosas.
¡Eso ha llenado de frustraciones la vida de los jóvenes que quieren que todo llegue más rápido y en grande, formula inexistente en la vida real!
Lo que antes fue una mejora, ahora es una obligación.
 
Para ellos es obligado que la comida llegue en minutos, el trasporte también, escuchar una canción, ver una película, conocer o comunicarse con alguien incluso famoso, hacer una transferencia bancaria, comprar un boleto, acceder a la información y todos los caprichos que vengan con la comercialización en la tecnología.
 
Pero la verdad es que la llegada de estos instrumentos acompañados en 2020 de la “inteligencia artificial”, constituyen escenarios que no están regulados por ninguna legislación y su uso en la vida sobre todos y sobre de las nuevas generaciones, nos está pasando una muy cara factura.
 
Además de ser una generación más frágil, por la forma cultural que se han abrazado sus limitaciones, a diferencia de generaciones anteriores que se les presiono a impulsar sus fortalezas, e ignorar las debilidades.
 
Hoy la educación llega de padres condescendientes, una generación que exige que los satisfactores lleguen más rápido y en grande, situaciones que nunca van de la mano, pero pueden engañar y causar mucho daño mental, al mostrarnos redes sociales que dejan ver “vidas perfectas” de personajes cercanos o no a nuestras vidas, pero que están a nuestra vista todo el tiempo.
 
Minimizando nuestros logros, metas y posesiones, porque en las “redes sociales” siempre hay alguien (o al menos así lo parece) que tiene o hace mas
Estas comparaciones de vidas ajenas generan grandes impactos en depresión entre jóvenes que nacieron con la velocidad de la tecnología en sus manos y sus vidas.
Esta llamada “generación de cristal” está expuesta a mayores impactos psicológicos por el “engaño” que las redes sociales causan.
 
Este tipo de afectación ya fue registrada en muchos países, donde el uso de redes sociales a menores ya está prohibido, en países como Australia, donde se exige verificación a los usuarios y la prohibición a menores de 16 años.
 
Francia y España también avanzan en la legislación para prohibir el uso de redes sociales a menores de 15 y 16 años, avances que en breve encontrara la regulación para el bienestar de las nuevas generaciones. 
 
A esta iniciativa se suma Inglaterra, que también encontró que estas generaciones de usuarios comenzaban a tener daño es su personalidad, con problemas de salud mental, como ansiedad, depresión, baja autoestima, insomnio y adicción.
Sumado a los riesgos por contenido inapropiado, suplantación de identidad, ciber acoso, sexting,  grooming, sextorsion, así como retos peligrosos, que ponen en riesgo su vida y la de otros.
 
Debido a tendencias que se hacen virales donde jóvenes han sufrido accidentes y la muerte, así como retos que los mueven a intentar destacar en habilidades y destrezas, que igualmente han ocasionado muertes fatales accidentes.
 
El incremento de la urgencia por tener algo y la falta de valores, han aumentado la violencia en jóvenes que son presionados por un entorno que los “bombardea” en cada minuto, a ser seres perfectos con vidas perfectas, con la intención de impresionar a los demás, en un círculo vicioso.
 
Esta generación de nacidos después de 2000 encontró herramientas digitales, que le exigen más a cada persona en todo sentido, en lo personal, en lo profesional y su impacto en menores y generaciones más frágiles causa un gran daño social.
 
¡Un instrumento tan valioso, que tardo tantos años en llegar a nuestras manos, es recibido causando grave afectación a nuestros jóvenes y nuevas generaciones! 
Dirían por ahí, ¡Urge legislar!
 
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