Hay heridas en el alma, no tan fácil de cerrar.
Por eso, es bueno estar prevenidos, y no dejar que nos lastimen el alma.
Ante todo, hay que tener cuidado con lo que escuchamos.
Más aún, hay que cuidarlo que decimos, para no hacernos daño.
Ya lo dijo el Señor: “De lo que está lleno el corazón, habla la boca”.(Lc.6,45).
Si el corazón está contaminado, entonces, lo que digamos, podrá contaminarnos.
También dice la Escritura: que el corazón es lo más difícil de sanar y también de comprender.
Por eso, una palabra dicha con la intención de herir, puede dejar huellas imborrables.
Dice el Evangelio: “No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo” ( Mt.10).
La violencia física, provoca un daño que sana con el tiempo.
Pero, hay también una violencia psíquica, que por la sutileza, no es tan fácil de percibir, pero, puede llegar a provocar daños irreversibles.
Por eso, no tengamos tanto miedo a los que dañan el cuerpo, tanto como a aquellos que perjudican el corazón.
Sin embargo, Dios jamás nos abandona, y siempre cuida de nosotros.
Dice el Evangelio: “ Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo”. ( Mt.10).
Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.