Vértice
Amigas y amigos de Plano Informativo, cuando una niña se raspa una rodilla, corremos a limpiarla y colocar una curita. Cuando un adolescente se fractura un brazo, buscamos atención médica de inmediato. Sabemos que algo duele, sabemos que necesita ayuda y hacemos todo lo posible para que sane.
Pero cuando el dolor se encuentra en la mente o en el corazón, las cosas suelen ser distintas.
Muchas veces no sabemos cómo identificarlo. Otras tantas pensamos que es una etapa pasajera, que se resolverá sola, o que basta con creer en el trillado y sin sentido “echaleganismo”, porque nadie enseña como echarle ganas, ni cuando, ni para qué. Sin embargo, la salud mental es tan importante como la salud física, y atenderla oportunamente puede marcar una enorme diferencia en la vida de una persona.
Este tema cobra especial relevancia cuando hablamos de nuestras niñas, niños y adolescentes.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el suicidio se ha convertido en una de las principales causas de muerte entre adolescentes y jóvenes en nuestro país. A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud señala que cada año más de 700 mil personas pierden la vida por esta causa y que se encuentra entre las principales causas de fallecimiento entre jóvenes. Detrás de cada cifra existe una historia, una familia y un profundo dolor humano.
Por eso es importante hablar del tema.
No para generar miedo.
No para señalar culpables.
No para juzgar.
Sino para comprender.
Durante mucho tiempo la salud mental fue un asunto rodeado de silencio. Se evitaba hablar de la tristeza profunda, de la ansiedad, de la depresión o de las emociones que muchas personas enfrentan todos los días. Afortunadamente, cada vez más familias, escuelas, profesionales de la salud e instituciones están ayudando a romper ese estigma.
Y eso es algo positivo.
Porque pedir ayuda nunca debe verse como una muestra de debilidad. Al contrario, reconocer que necesitamos apoyo es una muestra de valentía.
También es importante recordar que la prevención es una responsabilidad compartida.
Comienza en casa.
Escuchando a nuestras hijas e hijos. Interesándonos genuinamente por lo que sienten. Generando espacios de confianza donde puedan hablar sin temor a ser juzgados. A veces una conversación sincera puede abrir puertas que parecían cerradas.
Continúa en las escuelas.
Los centros educativos son mucho más que espacios para aprender matemáticas, historia o ciencias. Son lugares donde se forman personas. Lugares donde docentes, orientadores y directivos pueden detectar señales de alerta y acompañar a quienes atraviesan momentos difíciles.
Y también corresponde a las instituciones públicas.
La salud mental debe ocupar un lugar prioritario dentro de las políticas públicas. Se necesitan programas de prevención, atención psicológica accesible, campañas de sensibilización y acciones que permitan acercar el apoyo profesional a quienes más lo necesitan.
Porque cuidar la salud mental no debe ser un privilegio.Debe ser una oportunidad al alcance de todas y todos.
Hoy quiero dedicar unas palabras especiales a las familias que han vivido una pérdida relacionada con el suicidio.
No existen frases capaces de llenar un vacío así. No existen palabras suficientes para aliviar completamente un dolor de esa magnitud. Pero sí existe la empatía de una sociedad que debe aprender a acompañar, a comprender y a tender la mano.
A ustedes, mi respeto, mi solidaridad, mi abrazo sincero.
Hablar de salud mental también es una forma de honrar a quienes ya no están y de proteger a quienes hoy necesitan ser escuchados.
Porque detrás de cada niña, niño o adolescente hay sueños, talentos, ilusiones y una vida que merece ser acompañada con amor, atención y cuidado.
Escuchar puede marcar una diferencia.Acompañar puede cambiar una historia.Pedir ayuda puede salvar una vida.
Cuidemos nuestra salud mental con la misma seriedad con la que cuidamos nuestro cuerpo. Hablemos más. Escuchemos más. Abracemos más.
Porque ninguna persona debería enfrentar sola aquello que le duele por dentro.
De corazón, gracias por su lectura.
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