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A lo largo de 30 años que llevo dedicándome a la noble labor del trabajo periodístico, hoy me atrevo amigo lector a realizar una reflexión sobre el tema que refiere a su ejercicio y las interpretaciones que ha sufrido el concepto de Libertad de Expresión y que en lo particular ha despertado un profundo debate entre aquello que, se defiende con respecto a lo que se aprovecha y se le saca raja por intereses facciosos o de grupo.
En el reciente Día de la Libertad de Expresión, es esencial reflexionar sobre el papel del periodismo en nuestro país, especialmente en un contexto donde las plataformas digitales han transformado la manera en que comunicamos y consumimos información. La libertad de expresión es un derecho fundamental, pero su ejercicio en el ámbito digital puede cruzar límites peligrosos. Este derecho no solo protege la búsqueda y difusión de ideas, sino que también puede ser mal utilizado, dando lugar a abusos como el ciberacoso y la difamación.
El debate público es la esencia de la libertad de expresión. La crítica, incluso en sus formas más duras, y la sátira son herramientas vitales para la manifestación de ideas. Sin embargo, no todo lo que se dice en el espacio digital está amparado por esta libertad. Discursos de odio, incitación a la violencia y difamaciones se encuentran en el lado oscuro de esta delgada línea. El desafío es discernir cuándo la libertad de expresión se convierte en un arma para dañar a otros, y en este sentido, el periodismo tiene una responsabilidad crucial.
Los mecanismos de defensa en México, como la Ley Olimpia, buscan proteger la intimidad y los derechos de las personas ante abusos digitales. Esta legislación, junto con las herramientas de denuncia en redes sociales, son pasos importantes hacia la protección de la ciudadanía. Sin embargo, su efectividad depende de un uso responsable y ético de la libertad de expresión. Aquí es donde el periodismo profesional debe destacar. Mientras que cualquier persona puede abrir un perfil y opinar, el verdadero periodismo exige rigor, verificación y un compromiso con la ética.
Y no es un secreto para nadie y lo hemos observado en este microcosmos que es San Luis Potosí, que el crecimiento exponencial de espacios informativos también plantea un desafío enorme que reside precisamente en la esencia que se establece como la base de nuestra disciplina y que es una característica inherente a los seres humanos en sociedad: La comunicación. Y es precisamente en este ejercicio de comunicar por el simple hecho de tener la capaz de hacerlo; que se diluye mucho la responsabilidad de quienes profesionalmente lo hacen.
La diferencia entre un periodista profesional y un creador de contenido en redes es significativa. La primera se rige por estándares de veracidad, objetividad y ética, mientras que muchos en el entorno digital priorizan la viralidad y el entretenimiento. Esto puede llevar a la desinformación, donde los rumores son replicados sin contrastar. En un mundo donde los titulares sensacionalistas proliferan y la falta de fuentes se convierte en la norma, es vital que el periodismo se mantenga firme en su compromiso de informar con integridad.
La responsabilidad de discernir entre el periodismo auténtico y el pseudoperiodismo recae en la audiencia. Estar alerta ante señales como la falta de verificación y la mezcla de hechos con opiniones personales es esencial para evitar caer en trampas de desinformación. La libertad de expresión y la responsabilidad deben coexistir, y en este sentido, el periodismo tiene un papel fundamental.
A medida que celebramos este derecho, es crucial recordar que la libertad de expresión no es un cheque en blanco. Debe ser ejercida con respeto y responsabilidad, reconociendo su potencial tanto para construir como para destruir. El verdadero periodismo no solo informa: también educa y empodera a la sociedad, fomentando un diálogo saludable y constructivo en un mundo cada vez más complejo.
No resulta fácil a entender que no todo aquel que posee un espacio para expresarse hace periodismo, eso debe quedar claro. Y el factor más importante refiere a un concepto simple pero muy importante que se llama rigor periodístico. Aquellos que publican bajo este esquema dejan de lado filias y fobias y no son instrumentos de nadie.
HASTA LA PRÓXIMA.