Tras dos tropiezos empresariales, Henry Ford fundó en 1903 la compañía que transformaría para siempre la movilidad, la industria y la vida cotidiana.
Antes de convertirse en uno de los nombres más influyentes de la historia automotriz, Henry Ford también conoció el fracaso. Su primer intento empresarial, la Detroit Automobile Company, terminó en bancarrota después de apenas 18 meses; más tarde, abandonó su segunda aventura, la Henry Ford Company, que con el tiempo se convertiría en Cadillac.
Pero Ford no se detuvo. El 16 de junio de 1903, junto con otros 12 inversionistas, reunió 28 mil dólares para crear Ford Motor Company, una empresa que en sus primeros años parecía solo otro experimento dentro de una industria todavía joven.
La apuesta terminó cambiando la historia. Con el lanzamiento del Modelo T en 1908 y el perfeccionamiento de la producción en serie, Ford ayudó a convertir el automóvil en un producto accesible para millones de personas, dejando de ser un lujo reservado para unos cuantos.
Su historia se convirtió en una lección empresarial que aún resuena: antes de “motorizar al mundo”, Henry Ford quebró, perdió compañías y volvió a empezar. A la tercera, construyó una marca que no solo fabricó autos, sino que aceleró una nueva forma de vivir, trabajar y moverse.