La empresa regresó a la capital con un programa piloto de 60 días avalado por Semovi y con operación desde la app de Uber.
La Ciudad de México vuelve a subirse al debate de la micromovilidad. Después de varios años fuera del mercado capitalino, Lime regresó con un programa piloto de monopatines eléctricos que contempla el despliegue de hasta mil unidades durante 60 días, en coordinación con la Secretaría de Movilidad capitalina.
El arranque llega en un momento clave: la capital se prepara para recibir una fuerte afluencia de visitantes por el Mundial 2026, por lo que los traslados cortos, la conexión con el transporte público y las alternativas para evitar el tráfico se vuelven parte central de la conversación urbana.
A diferencia de su primera etapa en México, esta nueva prueba busca operar bajo un esquema más ordenado. Los scooters podrán solicitarse desde la aplicación de Uber, como parte de la alianza entre ambas compañías, y estarán enfocados en trayectos de última milla; es decir, recorridos cortos para conectar estaciones de transporte, zonas turísticas, oficinas, hoteles y puntos de alta demanda.
El regreso de Lime también revive una pregunta pendiente: ¿pueden los monopatines eléctricos integrarse a la ciudad sin convertirse en un problema para peatones, ciclistas y automovilistas?
Hace poco más de un lustro, estos vehículos comenzaron a aparecer en distintas colonias de la capital con una regulación todavía en construcción. El resultado fue una mezcla de entusiasmo, quejas por unidades mal estacionadas y dudas sobre seguridad vial. Ahora, la empresa asegura que llega con una operación más madura, medidas de control y acciones para promover el uso responsable.
Como parte del piloto, se prevé personal en zonas estratégicas para apoyar el estacionamiento correcto, supervisar la operación y orientar a los usuarios. También se contemplan activaciones de seguridad vial, entrega de cascos y capacitación básica para conducir y dejar las unidades sin obstruir banquetas, rampas o accesos peatonales.
La prueba no solo será para Lime. También será para la Ciudad de México, que deberá demostrar si puede regular de manera efectiva una opción de transporte que promete ser práctica, sustentable y útil para trayectos cortos, pero que requiere orden para no repetir los errores del pasado.
Por ahora, los scooters vuelven como una apuesta de movilidad flexible en medio de una ciudad que enfrentará días de alta demanda. La verdadera evaluación vendrá después de los 60 días: si los usuarios los adoptan, si las calles los toleran y si la autoridad logra que esta vez la micromovilidad avance sin invadir el espacio público.