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Narrativa y Gobernanza

Imágenes desde el zócalo.

Con lágrimas en los ojos, lleno de alegría, vi como el Estadio Azteca (ese es el nombre que me gusta) se llenó de la mas sublime vibración emocional. Decenas de miles de almas al unísono cantaron el himno nacional mexicano. Es triste que la presidenta Sheinbaum no haya asistido. Los liderazgos se consolidan en la adversidad, incluso frente a una rechifla. 
 
La gobernanza nacional mengua. Grupos de manifestantes, colectivos de familiares de desaparecidos, miembros de la CNTE, feministas y encapuchados del “bloque negro”, quemaron vallas, lanzaron piedras y se enfrentaron con la policía metropolitana en las inmediaciones del Estadio Azteca, al mismo tiempo en que se realizaba la inauguración. Los contrastes son dramáticos, por un lado, el orgullo milenario y la proyección de un país vibrante, se entrelaza con la confrontación, la violencia prevaleciente y ahora, con el desgobierno.
 
A querer o no, la herencia de AMLO se proyecta más que nunca. Madres buscadoras que llevan años sin ser recibidas y escuchadas por el poder público. Pensionados afectados en sus derechos para que “la cobija alcance” y poder pagar los errores inerciales del gasto público. La CNTE y los caprichos desbordados por la renovada relación clientelar con la “izquierda” desde el 2018. Conforme pasan los días, ese pequeño truhan que pensó que podía adueñarse de México, queda más al desnudo en su inmoralidad y distorsiones.
 
Las imágenes del refugio de Sheinbaum en un club deportivo de la GAM, nos ayudan a entender que lo que funcionó para López Obrador, no lo hará para Claudia. Cuando un gobierno sustentado en narrativa, entra en crisis, se tienen dos opciones: estirar la liga y redoblar la apuesta por profundizar aún más la narrativa oficial (polarizar más, defender la verdad propia a capa y espada, a riesgo de mentir aún más, cerrar filas solo con los de casa, etc.) o en su caso, utilizar la imaginación política, para construir un nuevo espacio desde el cual aterrizar una narrativa nueva (no necesariamente antagónica a la previa, pero si diferente).  
 
Claudia Sheinbaum no puede seguir el guión de AMLO, porque no sufre (al menos parecería que no) el “síndrome de Peter Pan”, del que el tabasqueño resultó tener una afección crónica. Se trata de una manifestación de “inmadurez psicológica y emocional” que, se conjuga con la evitación persistente de las responsabilidades de la vida adulta. Sobran ejemplos de su comportamiento en este sentido: 1) Elusión de la responsabilidad directa (victimismo y culpar a otros, a Calderón, a los españoles, etc.); 2) Intolerancia a la frustración y la crítica (señalamientos contra la prensa, disidentes u opositores); 3) Visión polarizada y narrativa de “buenos contra malos” (el uso de frases tales como “no somos iguales”, “yo tengo otros datos”); 4) Egocentrismo y necesidad de atención constante (hiperpresencia mediática); 5) Nostalgia por el pasado y resistencia al cambio moderno (“...que regrese el otro Trump). 
 
Ante tales trastornos, el modelo de “comunicación posverdadera”, “retórica populista” o “brutalismo comunicacional” como le llaman algunos académicos, resultó sumamente útil para AMLO; curiosamente, no por una “genialidad”, sino por una profunda afección psicológica basada en el desentendimiento de la realidad. Se generaron emociones en la sociedad por encima del rigor lógico que debe caracterizar a todo gobernante. Los relatos afectivos suprimieron al debate de ideas racionales. Hoy se pagan las consecuencias. Claudia no debería profundizarlas.   
 
La narrativa lopezobradorista se colapsa. Aunque piensen que al interior del país pueden ganar la batalla de las percepciones, lo cierto es que ya vienen por Américo, Adán y hasta por “Andy”. Los que saben, adelantan que no pasarán muchas semanas para ello ¿Escalará hasta Morena o el propio AMLO? En la visión de seguridad nacional de Estados Unidos, aunque no conviene que México se vuelva un “polvorín”, tampoco conviene que los aliados de China y el fentanilo sobrevivan políticamente. En eso estriba la ecuación. ¿Será el caos la última ficha del macuspano?
 
La gobernanza basada en la anterior narrativa quedará maltrecha, en terapia intensiva. El 16-0 en Coahuila incentiva a que el discurso opositor se reanime (aunque también hayan echado mano de las mismas artimañas de nuestra mas ferviente “tradición democrática”). ¿Qué debería hacer la presidenta? Convocar a la construcción de una nueva gobernanza social, basada en un pacto de poder moderno, sin los narcos, sin los potentados de siempre, sin la mala entraña de su antecesor.
 
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