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SanArte: El Armario

Cada prenda que espera en el armario contiene historias, aventuras, peripecias. Algunas de estas, posiblemente llevan infinidad de tiempo esperando a ser elegidas, pero no son vistas porque tal vez tuvieron la desgracia de significar el recuerdo de un día turbio o triste, lo sepa conscientemente o no, su portador(a).

Aquel vestido que ella llevó a la fiesta en dónde conoció a una persona que hoy, tan solo de pensar en el/la susodicho(a) le hace fastidiarse, entonces, mejor no lo elige, aunque sea lindo y se vea elegante y luminosa usándolo.

El traje que pulcro y planchado reposa suspendido en el gancho ya jamás desempolvado, porque al señor que lo mantiene dentro de su armario, jamás le ha gustado ese color, porque el verde militar le recuerda eventos tristes de su juventud, así que mejor el azul y entonces, casi siempre se compra el mismo color para vestirse, sin saber el porqué.

Su esposa le regala camisas de diversos colores, pero él se siente seguro con el azul, como aquella corbata que le regaló su abuelo cuando se graduó y que para nuestro personaje contiene absolutamente todo el significante del amor de su pariente.

Nos aterra como seres gregarios, distinguirnos de la manada y mucho más destacar, por supuesto, en muchas ocasiones a nivel muy inconsciente.

Por eso es toda una peripecia de héroe o heroína atrevernos a realizar la alquimia sagrada y convertirnos en seres independientes, autónomos y sobre todo auténticos y eso se ve claramente en nuestra vestimenta.

Recuerdo una historia en consulta que trata de como una mujer muy creativa, empática y sensible experimentó criticas agresivo pasivas encubiertas de “halago” cuando elegía esmerarse en su presentación física [...] Al llegar a su lugar de trabajo literalmente le gritaban en tono de reclamo que ¿A dónde iba a ir? Y ella respondía: “Aquí, vengo aquí, a trabajar.”

Lo que seguía eran expresiones de asombro y algo de burla o desprecio disimulado posteriormente. ¿Por qué? [...] Podemos pensar que tal vez, se trate de algo de tinte represor por distinguirse de los demás, por prejuicios, por envidia o porque las demás mujeres proyectaban su propia sombra, es decir, su incapacidad para permitirse arreglarse bellamente para sí mismas, usando la ropa que les favorece y les hace sentir alegría.

No se trata de ir contra las reglas en cuanto a los códigos de vestimenta [...], sino que más bien, de reflexionar acerca de; ¿Qué tanto nos permitimos ser nosotros(as) mismos(as) en nuestras elecciones en el vestir? [...] ¿Realmente te vistes como te gusta, como te hace sentir en tu esencia y experimentar tu creatividad o más bien, con tal de no desencajar has sido una copia exacta del deber ser?

Y no estamos hablando de extravagancia [...], sino que más bien, de saber qué es lo que realmente te gusta y te hace sentir bien y feliz frente al espejo. [...] Nuestra vestimenta es una confesión. En todo momento estamos expresando algo de nuestra alma con nuestras elecciones al momento de vestirnos.

Si lo analizas, cada persona lleva en su atavío una historia arquetípica en cada paso que da al trasladarse por la calle, el trabajo, la escuela e incluso dentro del hogar. Cuando tienes una reunión importante o un evento familiar, sinceramente; ¿Eliges tu ropa para gustarle y ser aprobado(a) por el grupo, compañeros(as) o familia? ¿O realmente te vistes para ti, para crear un diseño que exprese acerca de tu esencia?

Si te paras frente a tu armario ¿Cuánta de la ropa que está allí ya no la usas y corresponde a una versión antigua que pide descansar? Si te pido que describas como irías vestido(a) para representarte auténtico(a), libre y en el mejor día de tu vida, ¿Cómo es esa imagen?

Tal vez la próxima vez que abras tu armario, mires tu ropa desde un lugar más profundo y sincero y te decidas a vivir en los siguientes días algunos atrevimientos. Porque es absolutamente falso que hay maneras “correctas” de vestir a ciertas edades.

Mientras que te honres a ti mismo(a), puedes por supuesto, usar los colores, formas y combinaciones que, a ti, sola y únicamente a ti, te hagan feliz. Me gustaría ver tu sonrisa ahora que vayas a comprarte aquel atuendo que nunca te atreviste. Será liberador y divertido.

La vida querido(a) amigo(a), en serio que es sólo un suspiro y somos dignos(as) de expresar lo que representa la belleza de nuestra alma. Así que anda a desempolvar y a reconstruir tu esencia con telas, colores y magia.

 
Gracias por caminar juntos.
 
Tu terapeuta.
 
Claudia Guadalupe Martínez Jasso.
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