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Acusaciones mutuas

Libertad de opinión

Ahora que la cuestionada #LeySerrano dio el salto al escenario nacional, vale la pena recordar cómo se llegó hasta aquí. Los diputados utilizaron un tema tan sensible como la afectación a niñas, niños y mujeres mediante la alteración de imágenes con inteligencia artificial, pero mañosamente incluyeron artículos que abren la puerta a posibles actos de persecución.

En medio de la polémica, el creador de la iniciativa, el diputado local del Partido Verde, Héctor Serrano, y el alcalde de San Luis Potosí, Enrique Galindo, se enfrascaron en una guerra de lodo.
Lamentablemente, este tipo de enfrentamientos entre políticos termina afectando la lucha que, desde las trincheras periodística y ciudadana, se ha emprendido para lograr que la ley dé marcha atrás y se eliminen de manera puntual los artículos señalados.

Lo único que consiguieron Serrano y Galindo fue exhibir públicamente algo que muchos ya conocen: desde ambos bandos se utilizan perfiles falsos en redes sociales, disfrazados de medios de comunicación, creados en realidad para esparcir fango y golpear adversarios.

Ya basta de generar más conflictos y persecuciones. El llamado es la cordura porque en esa guerra nadie va a ganar. Al final, todos pierden.

LA TRES DE TRES DE GALINDO

Quien, al menos en teoría, parece traer una estrategia para ganar y llevar agua a su milpita es precisamente Enrique Galindo Ceballos.

No me parece descabellado el escenario de su “tres de tres”. Me explico: ahora que Verónica Rodríguez ya anunció que buscará una candidatura, Estela Arriaga, esposa de Galindo, podría ocupar un espacio en el Senado durante los próximos tres años.

Después, el propio alcalde estaría en condiciones de negociar una diputación federal que le garantice fuero y margen de maniobra política. Al mismo tiempo, podría alcanzar acuerdos con el mandatario estatal, Ricardo Gallardo Cardona, para realizar algunos amarres en la alcaldía y dejar bien colocada a la parte más cercana de su equipo.

La jugada no sería improvisada. Todo apunta a una estrategia para conservar posiciones, protección política e influencia más allá del Ayuntamiento.

COAHUILA Y EL GRAN PERDEDOR

Como ya es sabido, el pasado fin de semana se realizaron elecciones en Coahuila para renovar el Congreso local.

El PRI, ese viejo tiranosaurio que se niega a morir, se llevó carro completo al ganar los 16 distritos en disputa. Morena y el Partido del Trabajo, que quedaron 29 puntos porcentuales abajo, acusaron compra y coacción del voto.

Sin embargo, el gran perdedor fue, sin lugar a dudas, el PAN. De acuerdo con el conteo más reciente, el partido apenas alcanzaba el 2.16 por ciento de la votación.

El resultado le dio una bocanada de aire puro a Alejandro “Alito” Moreno, dirigente nacional del tricolor, quien ahora anda más bravucón que nunca. El triunfo en Coahuila no resuelve la crisis nacional del PRI, pero sí le permite presumir que, por lo menos en uno de sus últimos bastiones, el viejo dinosaurio todavía sabe enseñar los dientes.

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