Opinión
El gobierno más cercano a la ciudadanía
Cuando hablamos de política solemos pensar en la Presidencia de la República, en el Congreso de la Unión o en los gobiernos estatales. Sin embargo, el nivel de gobierno que más influye en la vida cotidiana de las personas es el municipal. La recolección de basura, el alumbrado público, la seguridad preventiva, los parques, los mercados, las vialidades y gran parte de los servicios que utilizamos diariamente dependen de una institución que muchas veces pasa desapercibida: el ayuntamiento.
Por ello, las recientes reformas político-electorales que modifican la integración de los cabildos municipales obligan a una reflexión más profunda que la simple reducción de regidores o el ahorro presupuestal. Lo que está en juego es el futuro de la institución política más cercana a la ciudadanía.
El municipio libre: una conquista constitucional
La figura del municipio tiene profundas raíces históricas en México. Desde la época colonial existieron formas de organización local que evolucionaron hasta consolidarse en el artículo 115 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que reconoce al municipio libre como la base de la división territorial y de la organización política y administrativa de los estados.
Cada municipio es gobernado por un ayuntamiento integrado por un presidente municipal, síndicos y regidores, electos por voto popular. Esta estructura permitió durante décadas acercar las decisiones públicas a la ciudadanía y convertir al municipio en la primera escuela de participación democrática.
No es casualidad que muchos de los principales liderazgos políticos del país hayan iniciado su trayectoria precisamente en un ayuntamiento. El municipio representa el primer contacto entre gobierno y sociedad.
Los regidores y síndicos: los grandes desconocidos
Paradójicamente, las figuras que forman parte del cabildo suelen ser las menos comprendidas por la ciudadanía.
Mientras el presidente municipal encabeza la administración pública, los síndicos tienen la responsabilidad de vigilar la legalidad de los actos del ayuntamiento y proteger el patrimonio municipal. Los regidores, por su parte, representan a la ciudadanía dentro del cabildo, participan en comisiones, supervisan áreas de gobierno y contribuyen a la toma de decisiones colectivas.
En teoría, constituyen mecanismos de equilibrio y representación democrática.
Sin embargo, durante muchos años una parte de la ciudadanía comenzó a percibir que algunas regidurías dejaron de ser espacios de representación para convertirse en posiciones derivadas de acuerdos políticos o cuotas partidistas. Esa percepción es precisamente la que alimenta hoy la discusión sobre el tamaño de los cabildos y la utilidad de algunas de sus figuras.
La reforma y el nuevo debate
La reciente reforma político-electoral aprobada por el Senado de la República y respaldada por diversos congresos estatales ha colocado sobre la mesa la reducción del número de regidores y otros ajustes a la representación política municipal.
La discusión ha sido presentada principalmente bajo argumentos de austeridad y eficiencia administrativa. Sin embargo, limitar el debate a una cuestión presupuestal sería un error.
La pregunta de fondo no es cuántos regidores debe tener un ayuntamiento.
La verdadera pregunta es qué tan útiles resultan para la ciudadanía.
Reducir el tamaño de los cabildos puede generar ahorros, pero no necesariamente mejores gobiernos. La calidad de la representación democrática depende mucho más de los perfiles, la preparación y el compromiso de quienes ocupan esos espacios que del número de integrantes que los conforman.
Lo que hacen otras democracias
La discusión sobre los gobiernos locales no es exclusiva de México. En países como Alemania, Francia, España o Canadá, los órganos colegiados municipales desempeñan funciones similares a las de pequeños parlamentos locales.
Los concejales participan activamente en la supervisión del gasto público, la planeación urbana, el desarrollo económico y la evaluación de políticas públicas. En muchos casos cuentan con equipos técnicos permanentes y mecanismos de rendición de cuentas mucho más robustos que los existentes en gran parte de América Latina.
La diferencia no suele encontrarse en el número de integrantes de los cabildos, sino en la fortaleza institucional de los gobiernos locales y en la profesionalización de quienes los integran.
Mientras muchas ciudades europeas fortalecen sus capacidades técnicas para atender problemas complejos como movilidad, vivienda y sostenibilidad, México continúa enfrentando el desafío de consolidar municipios con mayores capacidades administrativas y financieras.
El municipio del futuro
De acuerdo con datos del INEGI, México cuenta con más de 2,400 municipios que concentran una enorme diversidad social, económica y territorial. La mayoría de los problemas que preocupan diariamente a la ciudadanía tienen una expresión municipal: seguridad, agua potable, recolección de residuos, crecimiento urbano, movilidad y servicios públicos.
Por ello, el debate sobre los ayuntamientos no debe limitarse a una discusión sobre ahorro de recursos.
La verdadera transformación municipal consistirá en construir gobiernos más transparentes, más profesionales, más cercanos a la ciudadanía y con mayor capacidad para resolver problemas concretos.
Villa de Pozos: el primer laboratorio de una nueva etapa
En San Luis Potosí existe un caso particularmente interesante.
Villa de Pozos vivirá por primera vez la integración de un ayuntamiento propio y la elección de sus autoridades municipales. Más allá de una elección ordinaria, se trata de la construcción institucional de un nuevo municipio.
Sus primeros regidores, síndicos y presidente municipal tendrán la responsabilidad histórica de sentar las bases administrativas, financieras y políticas de una nueva entidad municipal.
Lo que ocurra en Villa de Pozos será observado por todo el estado. No solamente se elegirá un gobierno, sino una visión de municipio.
La gran oportunidad consiste en construir desde el inicio un ayuntamiento moderno, eficiente y cercano a la ciudadanía, evitando reproducir prácticas que durante años han generado desconfianza en otras administraciones municipales.
Más representación o mejor representación
Durante años discutimos quién ocupaba una regiduría.
Quizá ha llegado el momento de discutir para qué sirve una regiduría.
La nueva era municipal no comenzará cuando disminuya el número de integrantes de un cabildo. Comenzará cuando los ayuntamientos vuelvan a ser vistos como auténticos espacios de representación ciudadana, supervisión institucional y solución de problemas públicos.
El futuro de los municipios mexicanos dependerá menos del tamaño de sus cabildos y más de la calidad de las mujeres y hombres que los integren.
Y en esa nueva etapa, Villa de Pozos tendrá la oportunidad histórica de escribir una de las primeras páginas.
Para observar en la semana
Los resultados de las elecciones locales celebradas este domingo en Coahuila merecen una lectura que va más allá de los números. Sin duda representan un resultado positivo para el Partido Revolucionario Institucional, particularmente por la capacidad de mantener estructura territorial, movilización y presencia electoral en una entidad históricamente competitiva.
Sin embargo, el resultado también constituye un indicador relevante para Morena y para el partido gobernante a nivel nacional. Los recientes señalamientos de corrupción contra algunos de sus cuadros, las diferencias internas entre grupos de poder y las tensiones derivadas de los procesos de sucesión política comienzan a reflejarse en el ánimo electoral de ciertos sectores de la ciudadanía.
Aún es prematuro hablar de un cambio de tendencia nacional; sin embargo, los resultados de Coahuila muestran que ninguna fuerza política posee victorias permanentes y que la confianza ciudadana requiere renovarse todos los días. Morena continúa siendo la principal fuerza política del país, pero enfrenta el desafío de fortalecer su cohesión interna, atender las demandas ciudadanas y corregir aquellas prácticas que históricamente criticó y que hoy algunos de sus propios liderazgos parecen reproducir.
Los procesos electorales de 2027 permitirán conocer si se trató de un episodio aislado o del inicio de una nueva etapa en la competencia política nacional.