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La delgada línea entre libertad de expresión y la Inteligencia Artificial

Opinión.

Oficialmente cada 7 de junio se conmemora el día de la Libertad de Expresión en México desde el año de 1951 cuando el presidente Miguel Alemán Valdés buscaba reconocer la trascendencia de una prensa libre y la importancia de este derecho para la democracia mexicana.
 
En este marco, en esta fecha se felicita a los periodistas, sin embargo, detrás de la celebración y los comunicados de prensa, la realidad nos da un golpe de frente.
 
En México ejercer el periodismo, investigar la corrupción o destapar los nexos del crimen organizado convierte a la profesión en una de las de más alto riesgo. Pero el peligro ha mutado, pues ya no se trata solo de la censura burda del siglo pasado. Organizaciones como Artículo 19 refieren que del año 2000 a la fecha se han documentado 176 asesinatos de periodistas en México, en posible relación con su labor.
 
Sin embargo, a este complejo escenario de censura tradicional y violencia física, también se le suma una nueva frontera tecnológica: la irrupción de la Inteligencia Artificial. Hoy asistimos a la era de la desinformación automatizada, donde algoritmos avanzados son capaces de fabricar campañas de desprestigio masivas en segundos, clonar voces de periodistas para adjudicarles declaraciones falsas o inundar el debate público con noticias falsas que hacen imposible distinguir lo real de lo simulado.
 
La IA ha democratizado la creación de contenidos, pero en las manos equivocadas se ha convertido en el arma perfecta para sofocar la verdad. Y el regular el uso ético de la tecnología y defender el periodismo de carne y hueso —ese que camina las calles y verifica los hechos sobre el terreno— es el nuevo frente de batalla por la libertad de expresión.
 
Es aquí donde la delgada línea entre la libertad de expresión y la IA se rompe generando una libertad de prensa distorsionada, destruyendo por completo la veracidad de cualquier información que por derecho debe ser replicada, con el fin de generar crítica constructiva y no una confrontación entre quienes ejercemos el periodismo, la ciudadanía y los servidores públicos o de quienes desempeñan importantes cargos en la sociedad en el ámbito público.
 
La verdad en México no puede seguir costando la vida, la tranquilidad, ni la dignidad de quien la escribe. Es por eso que además de pretender regular toda aquella información que se genera y difunde en internet, es sumamente importante garantizar la protección de quienes informan.
 
En pleno 2026, lo que urge es un pacto de corresponsabilidad porque la libertad de expresión no es un privilegio corporativo de los periodistas ni un juguete de los medios de comunicación, es un "derecho llave" incluso de los ciudadanos.
 
Entonces defender este día no es un acto de gremio; es también una exigencia ciudadana vital, porque cuando se apaga la voz de un periodista, no solo pierde quien escribe; nos quedamos a oscuras todos.
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